martes, 3 de diciembre de 2019

Un Chipi Castillo descafeinado y electorarero suelto en el “Chubutazo”


La charla que dio en Trelew confirma la profundización de la deriva democratizante del PTS y la huida a balancear los procesos de lucha en los que participa, en este caso el de los estatales en Chubut. Autobombo en redes sociales versus construcción partidaria revolucionaria.





Por Iván Marín


El sábado 30 de septiembre Christian Castillo, dirigente del Partido de los Trabajadores Socialista (PTS), dio una charla en el paquete bar La Dolores. Lo acompañó en la mesa la docente Noemí Barra y la trabajadora de la salud Lucía.


La exposición, que versó sobre la situación que se atraviesa en Chile y Bolivia, recién se difundió en redes sociales el mismo día que se llevó adelante, por lo que tuvo un carácter semiabierto, es decir cerrado. Por redes sociales transmitieron solo la intervención de Castillo. Se infiere, a partir del análisis que haremos, que los organizadores buscaron evitar el debate abierto con público foráneo que pusiese en cuestión la orientación política del PTS en el último tiempo.


La actividad se desarrolló mientras el “Chubutazo”, ese proceso al que caracterizamos como “la respuesta en las calles de los trabajadores estatales (pasivos y activos) y los estudiantes a los intentos de los gobiernos de Arcioni y Macri de descargar la crisis sobre sus espaldas”, ingresó en un impasse a partir de los primeros pasos que dieron el PJ-kirchnerismo y las cúpulas que integran la Mesa de Unidad Sindical para sellar junto al gobierno de Mariano Arcioni un “Pacto Social” ordenado por el presidente electo Alberto Fernández. La magnitud de la deuda de la provincia (y los elevados compromisos a pagar en el corto plazo), los altos índices de desocupación y precarización laboral, como así también la creciente pauperización de las condiciones de vida, hacen muy precario cualquier tipo de acuerdo que pretenda contener el descontento social.


Lo señalado en el párrafo anterior no es un detalle menor. El PTS en vez de organizar una charla para balancear el proceso de lucha de los estatales en nuestra provincia y en particular su intervención como partido en el mismo, en el marco de una situación internacional convulsionada, procede al revés: impulsa una actividad sobre las luchas de los pueblos chilenos y bolivianos que no solo las desliga de la crisis económica mundial de las que son su resultado, sino que ubica el “Chubutazo” como un proceso con vida propia desligado por completo del escenario mencionado.


Es así que Castillo al comienzo de su análisis le recalca al público: “Vienen de haber protagonizado un proceso de lucha que no hubo en ningún otro lado del país y de algún modo parte de la experiencia que va a empezar a hacer la clase trabajadora con el nuevo gobierno peronista, en parte se ha hecho al menos en una vanguardia en la provincia contra el gobierno de Arcioni”. Y, como no podía ser de otra manera, inmediatamente hizo referencia a los resultados electorales: “En ese sentido creo hay una explicación de por qué la elección del Frente de Izquierda acá fue mejor que la de las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias)”, para luego resaltar que “ese es un dato de la particularidad provincial”.


Insistimos: en vez de articular el proceso chubutense con el que se vive en varios países de Latinoamérica, que tiene entre otras características principales Estados enormemente endeudados con acreedores internacionales y pueblos empobrecidos por pagar esos compromisos que se movilizan por mejores condiciones de vida generando crisis políticas de envergadura, Castillo prefirió hacer una mención de compromiso a la situación de Chubut y resaltar los resultados electorales del Frente de Izquierda, desconociendo que eso no implicó un mayor reclutamiento de fuerza militante y mucho menos de una intervención correcta en el escenario de lucha.


Luego de incursionar en las situaciones en Chile y Bolivia, donde primó la descripción de los acontecimientos y el autobombo al informar que tienen agrupaciones hermanas (pequeñísimas) en esos países, intentó abordar muy tangencialmente algunas polémicas dentro de la izquierda pero falseando posiciones. Por ejemplo, respecto al proceso chileno señaló que la Tendencia del Partido Obrero “no le da importancia a que el proletariado no está en el centro”, cuando en realidad lo que plantea ese sector es que la revolución será obra de las masas no de una vanguardia. En un pasaje archicitado de su Historia de la Revolución Rusa, León Trotsky se manifiesta sobre el particular:


“Sólo estudiando los procesos políticos sobre las propias masas se alcanza a comprender el papel de los partidos y los caudillos, que en modo alguno queremos negar. Son un elemento, si no independiente, sí muy importante de este proceso. Sin una organización dirigente, la energía de las masas se disiparía, como se disipa el vapor no contenido en una caldera. Pero, sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la caldera ni el pistón, sino el vapor”.

El dirigente del PTS acentúa la orientación que tomaron inmediatamente tras el fracaso electoral para tratar de abroquelar a su propia base: el autobombo respecto de la construcción a nivel internacional como si esto por sí mismo significaría una intervención revolucionaria en los procesos y la supuesta mayor influencia ideológica con La Izquierda Diario luego de realizar encuestas a hermanos/as, novios/as, padres, abuelos/as, amigos/as y personas cercanas a sus militantes. En todo caso, lo que debería primar en toda polémica es con qué programa y estrategia se afrontan los escenarios convulsivos.


Para mayor claridad tenemos el caso del “Chubutazo” donde el PTS es protagonista. Dijo al Chipi al respecto: “La caída del gobernador (Mariano Arcioni) producto de la movilización estuvo ahí, no fue por falta de lucha de clases sino”, comienza señalando correctamente, y agrega justificándose que “nuestro peso (PTS) era muy limitado como para poder jugar un lugar decisivo. Eso mismo se reactualiza en cada uno de los hechos de la lucha de clases que estamos viviendo ahora”.


Al menos tres cuestiones se desprenden de esta última afirmación que Castillo, obviamente, pasó por alto. La primera de ellas es por qué el peso del PTS es limitado en la provincia y en particular en la lucha estatal, siendo que se sabía que Chubut comenzó una política de endeudamiento hace aproximadamente una década, que pegó un salto fenomenal en 2016 con la adquisición de dos préstamos que sumaron 700 millones de dólares (más otros 515 de intereses), que hay una historia de grandes batallas de clases y que en particular desde 2014 se presagiaba que se podría llegar a la situación por la que se atraviesa en la actualidad. Es de conocimiento público que al interior del PTS en la zona hubo una discusión sobre qué orientación debía tener la construcción partidaria en donde la dirección nacional planteaba (sin dar segundas opciones) que necesariamente tenía que ser la universidad, y un sector de los que construían el partido en Trelew una y otra vez dijeron que debía ser en la docencia. Esta polémica derivó, luego de enfrentamientos de tono faccionales (con métodos de camarilla) impulsados por la dirección, en el alejamiento del sector en disidencia. La lucha de clases se encargó de saldar la discusión.  


La segunda cuestión sin abordar por el dirigente es la intervención del PTS en la lucha, no muy distinta por cierto al del resto de las fuerzas que integran el Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad (FITU). En estas páginas hemos impulsado en más de una oportunidad esta polémica. Baste decir que el inicio del “Chubutazo” este año coincidió con el proceso electoral nacional. Dijimos en un artículo sobre el particular:


“(…) se dejó pasar una oportunidad histórica. Quizá como en ningún otro lado, en Chubut se expresó a la luz de todo el mundo la crisis estratégica en la que está envuelta la izquierda revolucionaria en nuestro país, y que viene señalando la Tendencia del Partido Obrero. Una izquierda que pretende abordar de forma parlamentaria problemas estructurales que padecen las masas. Una izquierda que no apuesta a darle una perspectiva de poder a los trabajadores, que no puso la campaña electoral al servicio del “Chubutazo”, sino que se valió del mismo para tratar de subir los porcentajes pretendidos. Los números reflejan que en Chubut había recepción para realizar una campaña revolucionaria”.


Esto se refleja en el hecho de que:


“No solo estuvo ausente de las consignas de agitación de la campaña electoral el ´Fuera Arcioni` que resuena en cada una de las movilizaciones provinciales, sino también la necesidad de coordinar las luchas mediante plenarios o asambleas de delegados. Tampoco se aprovechó a denunciar el rol que juega la burocracia sindical como escollo para que se desarrolle el proceso, en particular la MUS y las CGTs y CTAs. Ni siquiera hubo referencia alguna a la tibia exigencia de un paro de 36 horas a las centrales sindicales. Desde ya, la imprescindible consigna de ´huelga general`, en una provincia paralizada hace más de tres meses en el ámbito estatal, brilló por su ausencia. En ese marco, tampoco puede sorprender que no hayan agitado la necesidad de una asamblea constituyente libre y soberana, que revoque todos los poderes del estado y discuta una provincia sobre nuevas bases sociales, en perspectiva de un gobierno de los trabajadores”.

Hay que agregar que el PTS además le hizo seguidismo a varias de las maniobras de la MUS y el PJ-Kirchnerismo para desviar la lucha: por ejemplo cuando se quiso canalizarla por la vía legislativa con un proyecto distraccionista, al igual de lo ocurrido el año pasado, o sin poner en el centro de la orientación la necesidad de plenarios provinciales de delegados para tratar de achicar la brecha entre la vanguardia y el resto de los trabajadores que permaneció más pasivo.


Por último, y no menos importante, el PTS nunca impulsó un plenario con la vanguardia para hacer un balance de los acontecimientos, y sobre todo de su intervención en los mismos, en estas últimas dos semanas.


En definitiva, un Chipi Castillo descafeinado, mucho más cerca de un Fernando Rosso (posiblemente el más peronista de los trotskistas del PTS), con un discurso lavadísimo, muy alejado de aquel Castillo que se ganó un lugar dentro del trotskismo vernáculo por sus análisis agudos y críticos incluso con las propias intervenciones. Debe señalarse que para muchos Castillo es la única figura pública del PTS con una formación marxista profunda capaz de discutirle de igual a igual a cualquier cuadro de la burguesía sin recurrir a respuestas armadas por asesores electorales y de imágenes, como ocurrió con Nicolás del Caño en el debate presidencial, o en cada una de las participaciones de sus referentes, incluso en actos públicos.


De lo que se concluye que no alcanza con tener algunos militantes en Chile o Bolivia. De lo que se trata en primera instancia, como se dijo más arriba, es de tener en claro primero que nada el programa y la estrategia para intervenir en los procesos de lucha.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Alejandro Horowicz: “El primer punto de un golpe de Estado es que hay un proceso de agotamiento político”


¿Hubo o no golpe de Estado en Bolivia? Consultamos al reconocido intelectual de izquierda por la situación que vive América Latina y, en particular, sobre el proceso boliviano.

Ilustración Gastón Spur


Por Iván Marín


Los levantamientos populares de los últimos meses a lo largo y ancho del planeta Tierra son motivo de análisis de los principales medios de comunicación y de la intelectualidad. En la izquierda hay consenso en que son un nuevo episodio de la crisis económica abierta en 2007-2008, que tuvo su epicentro con la caída del Lehman Brothers. Los agudos enfrentamientos en Puerto Rico, Haití, Ecuador, Chile y Colombia parecen indicar que el continente ingresó en una nueva etapa que ponen en cuestión el sistema de dominación del capitalismo en la región. Uno de los procesos más complejos es el que se vive en Bolivia: la renuncia de Evo Morales a la presidencia despertó infinitud de caracterizaciones. Uno de los debates en curso es si se produjo o no un golpe de Estado. De toda esta compleja situación, y en particular del último tema mencionado, charlamos con Alejandro Horowicz.


Ensayista, periodista, doctor en Ciencias Sociales, titular de la cátedra Los Cambios en el Sistema Político Mundial en la Carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires, Horowicz escribió un libro titulado “Las dictaduras argentinas. Historia de una frustración nacional”. Allí, entre otras cosas, vierte un análisis de las causas estructurales de los golpes de Estado en nuestro país. Motivo por el cual nos pareció pertinente entrevistarlo para que nos dé su opinión sobre los acontecimientos bolivianos. Horowicz, además, tiene en su haber una obra reconocida por propios y extraños, ineludible en cualquier análisis serio del peronismo: “Los cuatro peronismos”. A comienzo de 2019 dio a luz “El huracán rojo. De Francia a Rusia. 1789/1917”, un frondoso, minucioso y polémico análisis del concepto de doble poder para el período que se anuncia en el título.


“El primer punto de un golpe de Estado, el primer punto de un gobierno derrocado por la fuerza, es que hay un proceso de descomposición o agotamiento político”, advierte el entrevistado. Y destaca en relación a la situación que vive el país hermano: “En Bolivia lo que acaba de pasar es básicamente que el agotamiento de un proceso político mediante un golpe de Estado muestra que Evo Morales no pudo seguir”.


Horowicz también fue consultado por las caracterizaciones triunfalistas respecto a supuestas consolidaciones de las democracias burguesas en las últimas tres décadas que subrayan intelectuales del régimen, en particular politólogos de extracción liberal. El asunto viene a cuenta de la resolución de crisis políticas mediante juicios políticos y no por golpes de Estados clásicos, como solía ocurrir en décadas anteriores. El punto de inflexión en nuestro continente fue el impeachment al presidente de Brasil, Fernando Collor de Mello, en 1992.


“El secreto de la voladura chilena es básicamente entender que el modelo de dominación para América Latina supone una calidad e intensidad tan importante de dolor y desesperanza que vuelve imposible que eso asuma la forma de un conteo electoral”, describe en relación a la situación en el subcontinente.


La entrevista la compartimos en dos formatos: en audio mediante enlace a YouTube y su respectiva desgrabación que te dejamos a continuación.






La idea es charlar un poco sobre la situación que está viviendo Latinoamérica y en particular Bolivia. Escribiste un libro muy interesante sobre los golpes de Estados en nuestro país, y justamente a partir de eso y del debate que hay en la intelectualidad o acerca de si lo que ocurre en Bolivia es o no un golpe de Estado. Así que esa es la primera pregunta.

En general se trata casi de un tecnicismo político provocar la caída de un gobierno por un método no constitucional, no parlamentario, se asimila un golpe de Estado, más allá del uso explícito, implícito o relativo de la fuerza. Los golpes de Estado pueden tener las características del golpe del ´30, esto es un golpe que se hace con una pequeñísima minoría militar, en ese caso los cadetes. O puede ser un golpe que se hace como en el ´76 donde las tres fuerzas armadas están encolumnadas bajo la bandera de los golpistas. Es innegable que las situaciones políticas no son equiparables, pero eso habla más bien de la naturaleza de la crisis militar.


Pero lo más importante para entender en un golpe de Estado, y sobre todo para entender en un acto de fuerza para derrocar a un gobierno, es precisamente qué es lo que lo hace posible. Y este es el punto clave porque hay dos explicaciones que no explican. Y una es la tradicional, la de los traidores, y la otra es la de la Embajada de los Estados Unidos. Es decir, nadie ignora que en un proceso del golpe de Estado hay determinada cantidad de hombres y mujeres que se pasan de bando y esta deserción hace posible la situación. Pero los motivos políticos que hacen posible semejante comportamiento en cada caso deben ser dilucidados. Y que el poder antagónico a los gobiernos populares actúa como actúa, siempre está presente la traición, la Embajada de los Estados Unidos, o relativamente presente, no explica de ningún modo el problema.


El primer punto de un golpe de Estado, el primer punto de un gobierno derrocado por la fuerza, es que hay un proceso de descomposición o agotamiento político. Y esto debe ser el primer término que debe precisar el propio campo porque de lo contrario más que explicar algo es simplemente la negativa a hacer semejante análisis. Esto es, un derrotismo implícito que no permite nunca evitar ni poner coto ni defender ninguna democracia plebeya.


En Bolivia lo que acaba de pasar es básicamente que el agotamiento de un proceso político mediante un golpe de Estado muestra que Evo Morales no pudo seguir.


Se desprende de todo eso que obviamente no alcanza con la caracterización de golpe de Estado sino que también hay que entender justamente por qué no puede seguir Evo a partir del debilitamiento de su gobierno y de lo que eso implica.

Así es.


¿En los golpes de Estado, sobre todo en Latinoamérica, está vinculado siempre la cuestión de los países dependientes respecto del imperialismo?

Conviene entender que la dependencia no es un fenómeno relativo respecto a un país en particular, sino que es la naturaleza de la relación de ese Estado nacional respecto del mercado mundial. Este es el primer elemento distintivo. El segundo elemento distintivo es que en este momento no existe ningún Estado nacional que no sea dependiente respecto del mercado mundial. Porque todos actúan en la arena del mercado mundial y todos están determinados por la gramática del mercado mundial. Salvo China, que es el último país que tiene política nacional y cuya política nacional y la política del mercado mundial prácticamente son una misma cosa, queda sumamente claro que ni los Estados Unidos pueden evitar esto. Y basta entender que el intento frustrado, o a medias frustrado del gobierno de Trump (Donald) de enfrentar la política comercial del mercado mundial, la famosa guerra comercial, no hace sino saber hasta qué punto los propios Estados Unidos intentan establecer, mal, ciertas barreras defensivas que en última instancia el mercado mundial destrozará y pondrá fin porque esa es la lógica general del funcionamiento sistémico.


¿Este golpe de Estado que se produjo en Bolivia lo podés comparar con algún otro golpe clásico en Latinoamérica o en nuestro país, o tiene características muy singulares?

En general las comparaciones tienen algo de verdadero. Los golpes de Estado son obviamente comparables entre sí. Porque hay un fenómeno que conviene entender, que es la gramática del golpe de Estado, que es el momento en que el partido del Estado y el partido de gobierno, que ejecuta el programa del partido del Estado, entran en crisis. Y en consecuencia cuando no hay ningún otro relevo parlamentario posible allí es cuando sucede el acto de fuerza que resuelve esa crisis que no tiene solución parlamentaria.


La crisis política boliviana es una crisis muy particular porque nadie sabe todavía cuál va a ser su desenlace, más allá de cómo viene transcurriendo. Porque no queda claro si va a haber un proceso electoral que va a saldar en definitiva esta crisis. Si este golpe de Estado circunstancial, o este acto quebradizo, logra o no estabilizarse. Si los enfrentamientos que tiene el gobierno, llamémoslo así, golpista lograrán ser un punto de recomposición del bloque de clases dominante o si este tembladeral sigue y desembocamos lisa y llanamente en una guerra civil. Todos estos elementos están presentes en la crisis boliviana, y de ninguna manera es posible saber ya en qué dirección termina porque todo el tiempo hay negociaciones que dan una posible salida, digamos, electoral, y en tal caso veremos en qué desemboca, y si la salida electoral constituye o no un punto de relativa estabilidad. La densidad y las condiciones de fluidez política de la crisis boliviana son absolutamente inéditas y muestran la particularidad de un proceso que tal cual estaba con Evo no era posible seguir, y al mismo tiempo sin Evo es imposible gobernar. Y en esas condiciones tan particulares vemos la escena política del día de mañana.


En la ciencia política liberal se ha puesto mucho en relieve, sobre todo a partir del juicio político a Collor de Mello en Brasil, cómo las democracias capitalistas en Latinoamérica han logrado resolver crisis políticas sin salirse de los rieles constitucionales. ¿Vos qué relación encontrás entre los golpes de Estados y los juicios políticos?

La relación es la crisis política. La salida de la crisis política depende, entre otras cosas, de las relaciones de fuerza. Y las relaciones de fuerza dependen de cómo los distintos segmentos de la sociedad son capaces o no de conformar alternativas posibles de gobierno. El secreto de la crisis de Collor de Mello es que no era exactamente un gobierno popular, sino que era un gobierno que tenía una mayoría circunstancial parlamentaria en un país donde un partido nacional difícilmente gobierne más del 20 por ciento del Congreso. En consecuencia, en una estructura cuya descomposición política institucional arranca en el vamos en términos donde ningún poder ejecutivo puede sin corromper el Congreso gobernar, pues bien, creer que ese es un orden político que tiene relativa estabilidad es simplemente una engaña pichanga que en las formas permite reconocer como democrático. Porque democrático, desde la perspectiva puramente liberal, quiere decir legal. Todo lo que es legal es democrático; todo lo que es legal es justo, y todo lo que es legal es según el orden político vigente. Ninguna de estas tres cosas es cierta y ese es el problema.


¿Cómo ves el panorama político internacional a nivel mundial pero sobre todo en Latinoamérica? Todo parece indicar que estamos entrando en una nueva etapa.

Acá lo que queda claro es lo siguiente: un sistema de dominación entra en crisis en el momento en que los que quedan afuera, y buena parte de los que están adentro, tienen condiciones invivibles. Chile es la expresión perfecta de entender el grado de la gobernabilidad hasta que la gobernabilidad salta por los aires. Las víctimas del orden político chileno tienen distintas categorías pero el secreto es que cuando la compacta mayoría es víctima del orden existente, creer que ese orden tiene viabilidad institucional es francamente un disparate analítico. Que en Bolivia haya volado ahora tiene un conjunto de explicaciones más coyunturales. El secreto de la voladura chilena es básicamente entender que el modelo de dominación para América Latina supone una calidad e intensidad tan importante de dolor y desesperanza que vuelve imposible que eso asuma la forma de un conteo electoral.


¿Considerás que es probable que estemos entrando a una etapa más de conjunto en América Latina de choques, de avances y retrocesos, guerras civiles?

Hay que entender que básicamente la idea de la institucionalidad como idea de la reflexión política es una idea vacua, es una idea que de ninguna manera se plantea los problemas que las sociedades latinoamericanas tienen que enfrentar y resolver. No se plantea problemas no solo de la distribución del ingreso, que en Chile llega a valores inenarrables de antagonismo. La idea de que en Chile puede haber una distribución más regresiva que la que propone la General Motors; en la General Motors en 1970 un operario ganaba 30 veces menos que un gerente, hoy gana 300 veces menos que un gerente. La idea que esto pueda conformar un orden nacional estabilizado es una imbecilidad que no resiste el menor análisis.




viernes, 8 de noviembre de 2019

Tras la renuncia de Massoni, se cocina un “Pacto Social” contra los trabajadores


La desorientación de las fuerzas políticas patronales en Chubut las lleva a una impotente intentona de rubricación de la “paz social” mientras se profundiza la crisis estructural de la provincia, bautizada en las calles como “Chubutazo” aunque aun no termine de “explotar”.


Ilustración Gastón Spur


Por Iván Marín

“La crisis política en Chubut anticipa lo que sucederá en el país más temprano que tarde”. Esa afirmación ha sido replicada en más de una oportunidad no solo por las prensas partidarias de izquierda o alternativas, sino por los medios hegemónicos del régimen. La represión a la docencia ayer, con la detención del secretario General de la ATECh (Asociación de Trabajadores de la Educación), el inmediato llamado a paro nacional para hoy viernes por la CTERA (Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina) y la renuncia del principal funcionario del gobierno de Mariano Arcioni, el ministro Coordinador de Gabinete Federico Massoni, es un episodio más de esta crisis abierta hace más cuatro meses, a la que en distintos puntos de la provincia bautizan como “Chubutazo”.


Arcioni llegó a hacerse cargo del Ejecutivo provincial tras la muerte de Mario Das Neves el 31 de octubre de 2017. El 9 de junio último resultó triunfador de las elecciones provinciales en la categoría a gobernador junto a Ricardo Sastre, por Chubut al Frente, la fuerza política creada por Das Neves que recluta en su mayor parte a militantes peronistas, y en menor grado radicales y de otros espacios. Entre febrero y marzo el gobierno firmó acuerdos paritarios homologados con la mayoría de los sindicatos estatales, entre los que se destacan la cláusula gatillo con los docentes.


A los pocos días de ser electo, el gobernador anunció que volvería el pago escalonado en el Estado, como ocurriera a partir del primer semestre del año pasado y que derivara en el inicio de un proceso con movilizaciones masivas en toda la provincia, cortes de rutas, ocupaciones de edificios públicas y represiones varias.


La provincia se encuentra endeudada hasta la coronilla resultado de la política de las gestiones anteriores pero sobre todo de la actual. En mayo de 2016 solicitó 50 millones de dólares y en julio del mismo año otros 650 millones en la moneda estadounidense a una tasa del 7,75% a pagar en 10 años. “Entre 2017 y 2022 la provincia deberá pagar 54 millones de dólares anuales en concepto de intereses, en 2023 serán 52 millones, mientras que en el período 2024-2025, otros 50 millones por cada año, y el último pago serán 38 millones de dólares en 2026. En total son 514 millones de dólares en concepto de servicios por la deuda adquirida en moneda extranjera durante 2016 (sin contemplar la devolución del capital)”, describe el periodista Sebastián Premici en su libro, recientemente editado, titulado “La Patagonia ajustada. Las políticas del macrismo en la región (Premici , 2019, pág. 30)”.


Durante estos últimos 4 meses la gobernabilidad de Arcioni fue puesta en cuestión pese a haber triunfado en junio con holgura sobre el Frente de Todos. Eso llevó a que en las elecciones nacionales, tras una floja performance en las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), sus candidatos nacionales y algunas intendencias declinaran sus postulaciones en favor del Frente de Todos. El acuerdo se dio luego de reuniones varias entre el gobernador y el presidente electo Alberto Fernández. Desde entonces el “Fuera Arcioni” y las amenazas de juicio político al gobernador dejaron de estar en la agenda del PJ-Kirchnerismo, aunque no de las masas movilizadas.


Inmediatamente conocidos los resultados de las generales de octubre, un sector la conducción del Partido Justicialista (PJ) del Chubut marcó la cancha y anunció la expulsión de más de 140 afiliados que participaron durante el último tiempo en elecciones representando a otras fuerzas políticas.


“Lo que se va ahora, es un PJ que tiende a cerrarse en sí mismo, intentando ser oficialistas de Alberto, y opositores de Arcioni, un gobernador que está en la «mesa» del presidente electo. ¿Se pueden cumplir ambas condiciones a la vez? Quienes entienden de álgebra pero también de política saben que es imposible. O por lo menos, muy poco probable”, señala diario El Chubut en “De puño y letra”, su última columna editorial semanal el lunes pasado.


En ese marco el anuncio del Gobierno de descontar los días de paro a los trabajadores estatales, con especial énfasis a los docentes, quienes hace más de 100 días se encuentran con medidas de fuerzas, no hizo más que revivir el descontento latente en el sector. Inmediatamente se produjeron asambleas autoconvocadas en varias localidades, en muchos casos sin la conducción de la ATECH, e incluso en las últimas horas del jueves fueron a escrachar a Massoni al gimnasio donde se entrena. No cabe duda que era el funcionario más odiado de la gestión. En ese sentido, su renuncia fue un triunfo parcial de la movilización. 


La torpeza con la que se manejó con este anuncio el gobierno no se detuvo allí, sino que se acentuó con la represión a los docentes que intentaban derribar las vallas en Casa de Gobierno y con la detención a Goodman. Las imágenes de la violencia con la que se llevaron al dirigente sindical se viralizaron inmediatamente por todo el país, y el conflicto político se volvía a nacionalizar. A CTERA no le quedó otra que anunciar un paro nacional, incluso antes de la liberación de Goodman.


Para entonces la cabeza de Massoni era pedida por todo el mundo, entre ellos el diputado nacional camporista Santiago Igón. Es así que tanto el PJ-kirchnerismo como el sector de Chubut al Frente comandado por Sastre y el intendente Adrián Maderna utilizan la debilidad del gobierno para negociar no solo un “Pacto Social” ordenado por Alberto Fernández en busca de una utópica “paz social”, sino también resolver su situación dentro del PJ. Las burocracias sindicales juegan un rol fundamental al respecto. Chubut anticipa lo que sucederá en el resto del país, y esto incluye no solo el intento de descargar la crisis sobre los trabajadores, sino también la impotencia de las fuerzas políticas patronales para resolver el asunto sin que se produzca la resistencia de las masas en las calles. La crisis del régimen se anticipa también en Chubut.


En las próximas horas se sucederán reuniones oficiales y no tanto entre las burocracias que dirigen las CGTs, CTAs y Mesas de Unidad Sindical con el Gobierno, el Frente de Todos, Chubut al Frente e incluso Cambiemos (PRO y UCR), en la que los medios de comunicación tradicionales de la zona jugarán un rol fundamental para intentar contener a la “opinión pública”.


Sin embargo, como se dijo más arriba, la crisis chubutense es estructural y está atada sobre todo a la millonaria deuda en dólares que mantiene con acreedores internacionales, en su mayoría. Por lo pronto no se percibe un salvataje nacional en el horizonte, pues eso sentaría un precedente para el resto de las provincias que se encuentran en una situación similar a la del Chubut, en un contexto donde el propio Estado nacional debe afrontar una deuda impagable.


Nada parece indicar la efectividad de un “Pacto Social” en el corto plazo sin propinarle una derrota histórica a la clase trabajadora de nuestra provincia. La correlación de fuerzas parece indicar que la resistencia a las políticas de ajuste está lejos de apaciguarse. Por el contrario, con sus flujos y reflujos, la bronca sigue latente, y las conducciones sindicales ven cada más horadada su legitimidad ante las bases. Los embrionarios procesos de coordinación de las luchas que se dieron en septiembre amenazan con recobrar fuerza a pesar de que las burocracias hagan lo imposible para que no se desarrollen, como por ejemplo la conducción de la ATECH que no acató lo votado en el segundo Plenario Provincial de Delegados/as Docentes para que se hiciera un tercer plenario. Dicha dilación lleva más de un mes y es obviamente funcional a los planes de Arcioni y el resto del arco patronal.


Por su parte, las fuerzas políticas del Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad (FITU), el PO, MST y PTS, dejaron pasar una oportunidad histórica durante la campaña electoral en nuestra provincia para darle una orientación al “Chubutazo” en curso. Sus candidatas y candidatos provinciales se resignaron a agitar las consignas que llevaban adelante sus referentes nacionales. La agitación durante la campaña de plenarios provinciales de trabajadores, la construcción de la huelga general, el “Fuera Arcioni” y la asamblea constituyente libre soberana hubieran fortalecido una perspectiva de poder a la clase trabajadora en nuestra provincia ante este nuevo capítulo en que se encuentra en la lucha por defender sus conquistas. Se hace imprescindible tomar esta orientación para los convulsionados tiempos que vivimos.  

jueves, 31 de octubre de 2019

Balance de una campaña lavada en la tierra del “Chubutazo”


Con seguridad, como en ninguna otra parte del país, quedó claro que los resultados electorales no resolverán la crisis estructural que atraviesa nuestra provincia. ¿Del spoileo de la bancarrota del régimen al spoileo de la intervención del Frente de Izquierda?





Por Iván Marín

Sin sorpresas, en Chubut el Frente de Todos aventajó con comodidad en la categoría presidencial a Juntos por el Cambio: según datos provisorios 167.164 (52,16%) votos contra 94.685 (29,54%). Muy lejos aparece en tercer lugar Consenso Federal con 24.326 (7,59%); le sigue el Frente Nos con 13.746 (4,28%), luego el Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad (FITU) con 12,727 (3,97%) y cierra Unite por la Libertad y la Dignidad con 7.814 (2,43). En tanto que 7.327 (2,19%) personas votaron en blanco.


La fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández fue la que más provecho sacó de las políticas de ajuste de los cuatro años de Mauricio Macri al frente del Ejecutivo nacional, pese a que los despidos en el sector privado de la provincia (en especial en el petróleo) comenzaron en los últimos meses de Cristina Fernández en la presidencia. Durante la gestión nacional del macrismo en la provincia se perdieron más de 7 mil puestos de trabajos directos, de los cuales más de 2 mil corresponden al sector hidrocarburos donde, además, otras 2 mil personas relacionadas de forma indirecta con el rubro también perdieron su trabajo.


La convulsionada situación provincial hacía particularmente interesante saber qué iba a ocurrir en la categoría a diputados nacionales. Recuérdese que en Chubut se desdoblaron las elecciones provinciales, resultando triunfadora para la gobernación la fórmula Mariano Arcioni-Ricardo Sastre de Chubut al Frente. Arcioni se hizo cargo del ejecutivo luego del fallecimiento de Mario das Neves a fines de octubre de 2017. Al poco tiempo profundizó las políticas de ajuste, entre las que se destaca el pago en forma escalonada a los estatales, con la excepción de la Policía del Chubut. Lo que llevó a que el año pasado la provincia estuviera paralizada en el primer semestre con ocupaciones de edificios públicos, piquetes, movilizaciones multitudinarias y paros y retenciones de servicios de los trabajadores.


El proceso se reactivó en julio del presente año ante el regreso del pago escalonado y el no cumplimiento de las paritarias firmadas y homologadas en febrero y marzo, a pocas semanas de las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), que se desarrollaron el 9 de abril. Bautizado por las propias masas movilizadas como “Chubutazo”, el proceso este año por momentos cobró mayor radicalidad que en 2018, aunque persiste el límite de ser dirigido por la Mesa de Unidad Sindical (MUS), que en su mayoría responden al PJ-Kirchnerismo. Incluso un aliado político a Alberto Fernández como Jorge “Loma” Ávila, secretario General del Sindicato del Petróleo y Gas Privado, envió a una patota a atacar un piquete de estatales en rutas petroleras.


En ese marco, el Frente de Todos obtuvo dos de las tres bancas en disputa, ingresando Santiago Igón y Estela Hernández tras obtener 153.550 (53,29%) votos. La otra diputación quedó en manos Ignacio Torres, el referente del PRO en Juntos por al Cambio, a quien votaron 93.255 (32,36%) personas. Más atrás viene el Movimiento Polo Social Chubut, que fue en alianza con el Frente Nos de Juan Gómez Centurión, con 21.727 (7,54%). El FITU, que llevaba de candidatos a Gloria Sáez (PO), Daniel Ruiz (PSTU), (recientemente liberado tras estar detenido más de un año por movilizar contra la reforma previsional en diciembre de 2017 y que no participó en ningún spot), y a Emilse Saavedra (MST), obtuvo 14.605 (5,06%) votos. Por último, al Partido Independiente del Chubut lo votaron 4.996 (1,73%) personas. Debe destacarse el alto índice de votos en blanco, que llegó según el relevamiento provisorio a las 35.054 (10,64%) personas, a las que se le deben sumar otras 5.483 a quienes se le anularon los votos, entre los cuales hay casi 500 recurridos.


Al igual que en el resto del país, pero con mayor notoriedad en nuestra provincia por el “Chubutazo” en curso, la campaña electoral se caracterizó porque ninguna de las fuerzas políticas en disputa advirtió que las elecciones no resolverán los graves padecimientos que aquejan al pueblo trabajador. En ese sentido, las elecciones como expresión distorsionada de la consciencia de las masas, reflejan en nuestra provincia el hartazgo a las políticas de Macri con el voto al Frente de Todos. Aunque el apoyo a los Fernández debe ser matizado si se tiene en cuenta el alto porcentaje de votos en blanco en diputados nacionales, obteniendo el tercer lugar en esa categoría.


Lo llamativo del asunto es el rol que jugó el Frente de Izquierda en esta campaña electoral. Sus spots y materiales de agitación se limitaron a reproducir los materiales de la campaña nacional, en marcada contradicción con la caracterización que hacen en sus prensas partidarias del proceso de Chubut como un adelanto de lo que ocurrirá en el resto del país. Cabría preguntarse si así como la crisis en nuestra provincia spoilea un futuro cercano a nivel nacional, no solo en cuanto al intento de descargarla sobre la espalda de los trabajadores, sino sobre el rol que jugarán los partidos patronales y la burocracia sindical, también spoilea la futura intervención del Frente de Izquierda.  


La fracción oficial del Partido Obrero, que se ufana hace varios meses en ser supuestamente la primera en agitar la consigna “Fuera Arcioni”, en su balance sobre las elecciones omite hacer referencia a que la misma se llevó adelante mientras se desarrolla el “Chubutazo”, nombre con el que titularon varios de sus artículos en las últimas semanas. Desde ya, reconocer eso, implica necesariamente aceptar el carácter despolitizado de la campaña, en el sentido de no brindarle a los protagonistas del “Chubutazo” una caracterización correcta de la situación de la provincia y, sobre todo, una orientación con perspectiva de poder para el triunfo de la lucha.


No solo estuvo ausente de las consignas de agitación de la campaña electoral el “Fuera Arcioni” que resuena en cada una de las movilizaciones provinciales, sino también la necesidad de coordinar las luchas mediante plenarios o asambleas de delegados. Tampoco se aprovechó a denunciar el rol que juega la burocracia sindical como escollo para que se desarrolle el proceso, en particular la MUS y las CGTs y CTAs. Ni siquiera hubo referencia alguna a la tibia exigencia de un paro de 36 horas a las centrales sindicales. Desde ya, la imprescindible consigna de “huelga general”, en una provincia paralizada hace más de tres meses en el ámbito estatal, brilló por su ausencia. En ese marco, tampoco puede sorprender que no hayan agitado la necesidad de una asamblea constituyente libre y soberana, que revoque todos los poderes del estado y discuta una provincia sobre nuevas bases sociales, en perspectiva de un gobierno de los trabajadores.


Es decir, se dejó pasar una oportunidad histórica. Quizá como en ningún otro lado, en Chubut se expresó a la luz de todo el mundo la crisis estratégica en la que está envuelta la izquierda revolucionaria en nuestro país, y que viene señalando la Tendencia del Partido Obrero. Una izquierda que pretende abordar de forma parlamentaria problemas estructurales que padecen las masas. Una izquierda que no apuesta a darle una perspectiva de poder a los trabajadores, que no puso la campaña electoral al servicio del “Chubutazo”, sino que se valió del mismo para tratar de subir los porcentajes pretendidos. Los números reflejan que en Chubut había recepción para realizar una campaña revolucionaria.


Pero Chubut no es una isla en nuestro país, ni en el continente. Ecuador, Chile y Haití, por citar los casos más relevantes en la actualidad, viven momentos de aguda confrontación no ya contra políticas de ajuste sino contra el régimen en su conjunto. La crisis económica internacional que comenzó en 2008 amenaza con dar un nuevo salto en el futuro inmediato, reactualizando necesariamente en el escenario la lucha de clases. La izquierda revolucionaria debe prepararse para ello con los métodos históricos de la clase obrera y con una perspectiva de poder independiente de la burguesía y, por ende, en ruptura con el capitalismo: un gobierno de los trabajadores.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Ana Belinco: “Decidí irme del PTS porque tomó una orientación parlamentarista”


La docente y dirigente sindical en la villa 1-11-14 del Bajo Flores se refirió a su ruptura con el partido de Nicolás del Caño luego de más de dos años de militancia: campañas electorales vacías y despolitizadas, el lugar que ocupó el trap de Nico en la misma, la crisis internacional. Su empalme con la Tendencia Pública del PO.





Por Iván Marín


Ana Belinco ejerce la docencia primaria desde hace más de 13 años en la villa 1-11-14 del Bajo Flores, en Capital Federal. Hace 7 años que trabaja en la Escuela N 13 del distrito escolar 11. Su práctica como trabajadora de la educación siempre se combinó con militancia en los barrios y sindical, ganándose un lugar como referente en el activismo del sector. Es delegada en su colegio. Desde finales de 2016 comenzó a militar en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), la fuerza política conocida por tener como figura pública a Nicolás del Caño, hoy candidato a presidente por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad (FITU).


Hace poco más un mes Belinco publicó en su cuenta personal de Facebook una carta de ruptura con el PTS que revolucionó a cierto sector del activismo de izquierda por sus críticas no solo al partido donde ella militaba sino al Frente de Izquierda en general, hoy integrado por el Partido Obrero (dirección oficial), Izquierda Socialista y el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST). Sus cuestionamientos iban en un sentido parecido a los que venía haciendo la Tendencia Pública expulsada del Partido Obrero: electoralismo y parlamentarismo rabioso del FITU, caracterización conservadora de la situación económico-política y de los trabajadores, y falta de una perspectiva de poder revolucionaria, entre otras. De todas esas cuestiones charlamos con la docente durante 17 minutos. Compartimos a continuación enlace en Youtube con el audio completo de la entrevista y abajo la desgrabación. Consideramos las afirmaciones esgrimidas por la docente un aporte a la discusión sobre qué tipo de izquierda revolucionaria precisamos las y los trabajadores ante la crisis que atraviesa el país y el mundo.






La idea es que nos relates cuáles fueron las razones que te llevaron a la ruptura con el PTS. Sabemos que en esa carta muy interesante que escribiste hay fuertes críticas a la orientación electoralista y parlamentarista no solamente del PTS sino más bien del Frente de Izquierda en general.

Decidí irme por eso que decís, porque el PTS tomó una orientación parlamentarista y democratizante, no solo el PTS sino el FITU de conjunto, en medio de una campaña electoral que se está dando en el medio de una bancarrota del sistema capitalista a nivel mundial, abierta desde el 2008, y con una Argentina que está al borde del colapso, que promete seguir en ese rumbo forzada por el plan de ajuste del FMI (Fondo Monetario Internacional) que está gerenciado por el macrismo, radicalismo, peronismo, los partidos patronales de todos los colores, garantizado por la burocracia sindical y eclesiástica que nos quieren hacer esperar sentados en casa en medio del espanto de la burguesía para que no estalle todo, la pobreza, la desocupación, la carestía de la vida. Y en medio de ese escenario hubo una adaptación de la izquierda en general muy fuerte al régimen y a una conciencia del movimiento obrero que se catalogaba como conservadora, como atrasada, en vez de salir a hacer una campaña socialista y revolucionaria que le explique a los trabajadores que justamente la solución no iba a venir por medios de las urnas, esta pseudo democracia, sino que hay que organizar desde los lugares de trabajo, de estudios, la perspectiva de una huelga general que pueda imponer una asamblea constituyente libre y soberana donde nosotros, los y las trabajadoras, podamos discutir de verdad nuestros verdaderos problemas, una asamblearia que revoque todos los poderes del Estados para poder forzar un gobierno de los trabajadores que sea la única perspectiva.


¿Nos podés recordar cómo está girando o cómo se expresa en la actualidad la campaña del Frente de Izquierda?

Cuando yo expresé todos estos desacuerdos, los expresé por escrito, en mi equipo partidario, en la dirección de la regional. Me dijeron que los “focus group” contratados por el partido, o sea estos grupos especializados que se encargan de hacer encuestas entre la sociedad, decían que la gente no entendía nada si se le hablaba de asamblea constituyente o de gobierno de los trabajadores, y que había que salir a hablar de cosas comprensibles y que fueran de preocupación inmediata de la gente. O sea ahí ya tenés, utilizando una tecnología, que está muy bien utilizarla y demás pero que se determinó direccionando la actividad del partido. En ese sentido se pensó el programa de emergencia frente a la crisis que se levanta, que es correcto, la indexación de salarios, que cuando una fábrica cierra, se toma y demás; pero se mantuvo conscientemente este programa desvinculado de una perspectiva de salida como es expresar la necesidad de que los laburantes tomemos el poder y te deja sin norte estratégico. Porque se ocuparon más de ver qué era lo que la gente quería escuchar que en ver qué era lo que había que decir según la realidad.


El problema es que esto para un trotskista, el programa y la acción, partidaria no puede acomodarse al atraso de las masas sino que tiene que dar respuesta a las condiciones objetivas de la crisis, que en la Argentina, como vos y todos allá en Chubut sabrán, tuvo una enorme agudización con el “Chubutazo” donde estatales, docentes, médicos, enfermeros, petroleros, etcétera, paralizaron la provincia en el medio de esta bancarrota nacional e internacional con piquetes, barricadas, toma de rutas, asambleas y quemando la Legislatura, y no hubo en la campaña nacional una unión cabal con estos procesos, y tampoco con las tomas de fábricas como en Kimberley Clark, en Mielcitas. Todo eso pasó de largo.


De hecho, tampoco lo hay en la campaña del Frente de Izquierda acá en Chubut. Ni siquiera agitan el “Fuera Arcioni” en la campaña electoral. Más allá de eso, ¿cómo se dio la lucha al interior del partido, cuándo la comenzaste y cuál fue el clic que te llevó a decir “hasta acá llego”?

Yo empecé a agudizar la discusión porque veía que la deriva electoralista se iba agudizando y se expresaba por medio de una campaña centrista muy fuerte que tenía como objetivo captar el voto joven de manera despolitizada por medio de un trap que se hizo viral y que se tornó como el eje de agitación en los colegios, en las universidades, inclusive en las mesas de agitación que poníamos en las calles, con la bajada que había desde el partido de preguntarle a la gente si conocía a Nico del Caño; si lo conocía, por qué; si lo conocía por el trap; si lo conocía por el trap, por qué le gustaba el trap; en el medio de todo ese cuadro que yo te marcaba.


¿En serio el trap fue un eje de la campaña?

El trap fue una metodología que se utilizó de manera consciente y persistente. Era con lo que se pasaba por los lugares de estudio, por ejemplo. O sea, fue una profundización en el sentido de querer hacer conocidas a figuras públicas en vez de explicar la necesidad que tenemos de disputar el poder político de un régimen que está en decadencia. No se correspondía con las necesidades.


Aparte, en la universidad no necesita demasiada presentación Nicolás del Caño, y menos con un trap.

Tal cual. Y aparte los universitarios no era lo que estaban queriendo escuchar. Quieren escuchar cómo comprar los apuntes, cómo poder recibirse y demás, y aparte darles una perspectiva política para poner la universidad al servicio de la pelea de los trabajadores y trabajadoras. A eso sumale que también se puso como eje meter a Myriam Bregman como diputada para legislar el aborto o para legislar la legalización de la marihuana o para defender a las mujeres, los trabajadores y la juventud legislando leyes a su favor dentro del parlamentarismo burgués. O sea, esto rompe con toda concepción de un parlamentarismo revolucionario en términos leninistas como lo concebimos los revolucionarios, como un tribuno del pueblo que levante las demandas más sentidas pero que al mismo tiempo denuncie la imposibilidad de alcanzarlas dentro de este sistema, que no legisla para nosotros, que legisla en contra de la clase obrera. O sea, hay una desvirtuación de lo que tiene que ser un parlamentario.


¿Durante cuánto tiempo diste la lucha interna?

La pelea la empecé a dar más fuerte desde abril, desde el último congreso partidario, con toda la discusión del MST, que yo era expresión de minoría, diciendo que me parecía que era por esta presión electoralista, por esta desesperación de no perder votos que se estaba haciendo eso. Yo no estaba de acuerdo. La di durante cinco meses aproximadamente, con la campaña en el medio. Y la gota que rebalsó el vaso para mí fue la votación positiva de la ley antiobrera y desmovilizadora de Emergencia Alimentaria, que fue un salvavidas para el régimen de conjunto, y que significaba el insulto de 9 pesos por día para sacar del hambre generalizada a la gente, supuestamente. O sea, los parlamentarios del PTS y del PO oficial votaron a favor de eso, que era un escándalo, y la diputada de Izquierda Socialista se abstuvo, estuvo bien. Pero esto es una muestra de que el FITU no es más que un rejunte electoral oportunista más que un nucleamiento político. Si bien conserva la independencia de clase y demás, y por eso estaríamos llamando a votar a ese espacio pese a todas las críticas, hay que decirlo.


Vos mientras estuviste dando toda esta discusión, o más bien cuando te fuiste, empalmaste ideológica o programáticamente con lo que es la Tendencia Pública del Partido Obrero, los compañeros que fueron expulsado del partido. ¿Cómo se fueron dando estas coincidencias?

Sí, porque yo mientras daba la discusión salió todo el tema de la ruptura dentro del PO, la discusión que se abrió con después la posterior expulsión de hoy más de mil compañeros, y empecé a leer qué era lo que estaba pasando porque la realidad es que este debate contra la adaptación democratizante y electoralista atraviesa a toda la izquierda mundial, y fue abierto por la Tendencia del PO en esos términos, que salieron a plantearlo al interior de su partido pero en perspectiva de marcar que era algo que estaba pasando de conjunto. Si bien se quiso sentar la idea en el PTS de que la crisis del PO es por una charca metodológica, que se están peleando por aparato, la realidad es que lo que está abierto es un debate político estratégico clave en el medio de un derrumbe electoral del FITU en todo el país. O sea, amerita hacer un balance serio de qué es lo que está pasando.


En ese sentido, cuando yo empecé a leer toda esa discusión entendí mucho más la discusión que estaba dando al interior del PTS, y por eso hoy estoy eligiendo confluir y construir el espacio de la Tendencia del Partido Obrero porque me parece que cada militante, que cada trabajador de izquierda, tiene que fortalecer la lucha contra la adaptación de las direcciones de los partidos que se presentan como revolucionarios, porque si no el capitalismo nos va a llevar puesto. Es un deber que tenemos los y las revolucionarias salir a dar esa discusión.


¿Cómo sigue tu militancia en adelante, qué repercusión tuvo esta ruptura en tu círculo cercano y qué opinión tenés de las críticas públicas a las direcciones de los partidos cuando no hay acuerdos, creés que es sano para la militancia de izquierda?

Mi militancia sigue en ese sentido que te decía. O sea, para mí se impone más que nunca construir un partido revolucionario de la clase trabajadora que se pueda poner al frente de disputarle el poder político a esta burguesía que nos está llevando a la nada, en ruptura con el capitalismo, y por un mundo socialista. Esa es mi militancia. En ese sentido creo que, para no olvidarme cuál fue mi primera confluencia con la Tendencia del Partido Obrero, o sea el movimiento de mujeres y el último Encuentro de Mujeres al que fui confluyendo con la línea de las compañeras del Plenario de Trabajadoras (Tendencia del PO), lleve la perspectiva, o sea las mujeres en el mundo entero están a la cabeza de esa lucha, somos vanguardia en esa lucha y tenemos que dar una pelea dura, decidida, para que nos dejen de hacer pelota.


¿Qué repercusión tuvo en tu círculo próximo la ruptura, se han acercado también compañeras y compañeros de otros espacios?

La verdad que tuvo mucha repercusión, mucha gente que se comunicó conmigo desde diferentes organizaciones, no solo del PTS, o sea compañeros y compañeras dentro del PTS que están tratando de pensar, inclusive quedando internos al partido para dar la discusión desde ahí o desde afuera. También gente de otras organizaciones que estamos todos en esa línea de lo que vos decías antes, de pensar qué formas de construcción de partido son saludables en el sentido de la democracia interna que tiene que haber en los partidos, cómo se entiende el centralismo democrático porque también es una discusión que sobrevoló mucho todo esto de que parece que el centralismo democrático es hablar hacia adentro y callarse hacia afuera. Bueno, eso no puede ser así. Los revolucionarios hacemos política hacia las masas trabajadoras para que todos los trabajadores se involucren en cómo construir la revolución. En ese sentido a mí me parece que el centralismo democrático tiene que ser la mayor discusión hacia adentro y poder sacarlo hacia afuera para hacer parte a todos los trabajadores y trabajadoras que son con los que esperamos hacer la revolución porque no la vamos a hacer entre cuatro.


En los últimos días ha habido movilizaciones importantes en distintos países de Latinoamérica y del mundo, sabemos que la Tendencia del Partido Obrero ha venido dando una discusión primero al interior del PO y después hacia afuera sobre el escenario mundial. ¿Este aspecto también ha tenido algún tipo de relevancia en tu ruptura con el PTS y en las críticas a la orientación que viene llevando adelante el Frente de Izquierda?

Sí. Como te decía al principio, yo empecé a dar toda esta discusión en el medio de que en Argentina el FITU estaba desarrollando esta campaña lavada al calor de una situación convulsiva que atraviesa el capitalismo a nivel global que viene desde hace años. Ahora estamos viendo picos pero no es algo nuevo. Desde Asia hasta Medio Oriente y ahora fuerte acá en América Latina. Una situación que la izquierda argentina no atinó a prever cuando a los marxistas no deberían sorprendernos estos procesos de crisis del capital si usamos correctamente el método materialista dialéctico que nos legó Trotsky por allá atrás para analizar la realidad.


El pueblo ecuatoriano y chileno son los espejos donde tenemos que mirarnos los pueblos latinoamericanos de conjunto. Chile es hoy un pueblo que se está despertando, como ellos mismos dicen que se levantan contra la bancarrota del régimen político de Piñera (Sebastián, presidente de Chile) que no es más que el pinochetismo del siglo veintiuno, es una continuación de esa política represiva, y que aplicó a rajatablas los planes del FMI hundiendo en la miseria a los trabajadores, a los jubilados, a los estudiantes, impidiendo el acceso a la educación. Frente a esto los trabajadores hoy se están organizando por la huelga general, por una asamblea constituyente como salieron a decir hoy (por ayer) llamando a la huelga para mañana (por hoy), que le permita a las mayorías populares decidir sobre su propia vida. Y están gritando “Fuera Piñera” mientras el presidente dice que está en una guerra y circulan audios de la primera dama hablando de una invasión alienígena, o sea uno se pregunta si es real o no pero pareciera ser que sí. Y ese es el desprecio que tienen los ricos por los que laburamos. Y Chile y Ecuador marcan el camino para una Argentina que todos los analistas están diciendo que está sobre el abismo porque del pago de Argentina depende que el propio FMI no entre en una bancarrota general. Y en el medio de esta crisis capitalista el mundo capitalista necesita ese salvavidas. Entonces, gane quien gane las elecciones va a buscar cumplir con sus socios fondomonetaristas descargando el peso sobre el pueblo trabajador, y no nos queda más que organizarnos y luchar con los métodos de clase obrera porque vamos a decir, para terminar, que el parlamento no nos va a salvar de este lío.

lunes, 21 de octubre de 2019

El “Chubutazo” ausente en los spots electorales del Frente de Izquierda en Chubut


Pese a la gran movilización provincial, tampoco agitan las consignas “Fuera Arcioni”, “plenarios de trabajadores”, ni “paro de 36 horas” y mucho menos “huelga general” y “asamblea constituyente”.





Por Iván Marín

En consonancia con el resto del país, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad (FITU), desarrolla una campaña electoral sumamente lavada en Chubut, aunque con el agravante de hacerlo en una provincia que hace más de dos meses se encuentra movilizada contra las políticas de ajuste del gobernador Mariano Arcioni y el presidente Mauricio Macri.


Trece semanas ininterrumpidas de paro docente; ocupaciones de dependencias estatales por jubilados; paros y retención de servicios desde hace casi tres meses en salud y otros sectores del estado; toma de escuelas por estudiantes secundarios; pueblada en Sarmiento ante una posible represión; piquetes de viales, docentes y ATE; bloqueos en la poderosa Aluar de Puerto Madryn y en la playa de tanques de YPF en Comodoro Rivadavia; embrionarios procesos de coordinación de las luchas con plenarios provinciales de delegados/as docentes, asambleas interhospitalarias y asambleas intersectoriales; los fallecimientos de las docentes Jorgelina y Cristina en una accidente y los incendios de Casa de Gobierno y Legislatura, y masivas movilizaciones en todo el territorio. Esas son tan solo algunas de las acciones desarrolladas contra las medidas de ajuste aludidas más arriba, y que algunos bautizaron como “Chubutazo”.


En ese marco, los fuerzas del FITU de nuestra provincia, Partido Obrero (PO, dirección oficial), Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), vienen agitando desde hace más de dos meses en sus prensas partidarias las consignas “Fuera Arcioni”, “Paro de 36 horas” y plenarios provinciales de delegados.


Lo contradictorio del asunto (¿contradictorio?) es que pese al escenario convulsionado que vive la provincia, las fuerzas mencionadas evitaron por todos los medios recurrir a esas consignas en los spots de la campaña electoral en curso. Por el contrario, como si nada pasara, decidieron agitar en los spots lo mismo que esgrimen sus referentes a nivel nacional, como si el “Chubutazo” solo existiese en sus prensas y no en la realidad concreta provincial. Tampoco utilizan la propaganda electoral para denunciar el rol traidor de las burocracias sindicales enroladas en la Mesa de Unidad Sindical (MUS), de ATE y del sector privado nucleadas en las CGTs, principales garantes de la “gobernabilidad”. Mucho menos llaman al resto de la clase obrera, desocupados y privados, a sumarse a la lucha. Desde ya, no han hecho participar de los spots a Daniel Ruiz, el exdelegado petrolero recientemente liberado tras estar más de un año detenido por participar de las movilizaciones contra la reforma previsional en diciembre de 2017, quien va como candidato a diputado nacional en segundo lugar, aportado por el PSTU (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado).


Cabe señalar, que la dirección de la campaña en Chubut está en manos del PO (dirección oficial) y del MST, por ser las fuerzas que cuentan con la personería. De ahí que los spots sean protagonizados por sus candidatas: Gloria Sáez (PO) y Emilse Saavedra (MST). El PTS, por su parte, no ha realizado hasta el momento spots para las redes sociales. En todos los casos, (PO, MST y PTS) no agitan en sus materiales electorales las consignas señaladas más arriba y el “Chubutazo” ocupa un lugar de relleno. Hay que decirlo sin pruritos: esta no es más que la continuación de una política de adaptación de pe a pa al parlamentarismo y el electoralismo, opuesta hasta el caracú a la tradición leninista de utilizar los espacios que se le arrancan al régimen como un tribuno del pueblo. Para el caso del PO (dirección oficial) se vienen ufanando con recurrencia ser supuestamente los primeros en agitar en su prensa la consigna "Fuera Arcioni", peso es evidente que lo hacen con fines propagandísticos y no de intervención concreta en la realidad. 


La caracterización conservadora de la situación que atraviesa no solo el país, sino también Latinoamérica y el mundo, fue motivo de crítica de la Tendencia Pública del Partido Obrero, y por la cual fueron expulsados de dicho partido más de mil militantes. Entonces, no puede sorprender la falta de una perspectiva de poder en Chubut ni en el país, y mucho menos su agitación concreta en la campaña electoral con dos consignas indispensables: la huelga general y la asamblea constituyente libre, soberana y con poder.


Lo grave del asunto es que el FITU perdió una oportunidad histórica en la campaña electoral para tratar de hacer menos marginal su actuación en la lucha de clase. Trazar una perspectiva para desarrollar la lucha de clases en Chubut y darle una orientación de poder a las masas que protagonizan el “Chubutazo” hubiese contribuido a fortalecer el proceso, que en las últimas semanas intenta ser desviado por las burocracias sindicales y el Frente de Todos.

martes, 8 de octubre de 2019

¿Qué es, por ahora, el “Chubutazo”?


¿El proceso se reduce a la enorme lucha docente o es algo mucho más profundo? Cualquier propuesta de orientación para la consolidación y triunfo de la lucha debe partir de una caracterización seria.





Por Iván Marín

El “Paso, paso, paso, se viene el Chubutazo”, se escuchó después de mucho tiempo en la provincia en las multitudinarias movilizaciones del año pasado protagonizadas por los trabajadores estatales en respuesta a la profundización de las medidas de ajuste del recientemente asumido al frente del Ejecutivo provincial, Mariano Arcioni. Desde entonces, el fantasma de un “Chubutazo” ha recorrido cada una de las manifestaciones en Chubut. La inspiración, claro está, viene del proceso que terminó con la gobernación de Néstor Perl en octubre de 1990. 


Tras la muerte del exgobernador Mario das Neves (31/10/17), Arcioni inmediatamente pretendió profundizar las políticas económicas que ordenaba para todo el país Mauricio Macri. Se intentó descargar un ajuste brutal en primer lugar contra los trabajadores estatales. De alguna forma, como respuesta a ello, nació la Mesa de Unidad Sindical (MUS), un acuerdo de las cúpulas sindicales para tratar de conducir y contener las movilizaciones y el descontento que necesariamente se iba a expresar en lo inmediato en las calles. El 9 de enero de 2018 movilizaron a Legislatura desde toda la provincia contra la sesión extraordinaria para aprobar el Pacto Fiscal y la Ley de Emergencia.


Las consecuencias del criminal endeudamiento de la provincia de las últimas gestiones, pero sobre el efectuado en 2016, tuvo como consecuencia un ajuste brutal sobre los bolsillos de los trabajadores y las dependencias estatales. 


Durante los meses de enero y febrero el gobierno provincial adelantaba que no habría recomposiciones salariales, que en algunos casos debía del año anterior. A comienzo de marzo comenzaron las grandes movilizaciones tras conocerse que los estatales cobrarían en forma escalonada. Para entonces los hospitales públicos ya sufrían profundas crisis por desabastecimientos de insumos, falta de personal e incluso problemas edilicios. Esta situación se extendía a educación y al Poder Judicial, como así también a otras dependencias del Estado. Lo que llevó a que trabajadores en distintos puntos de la provincia acompañaran las movilizaciones y cortes de rutas con ocupaciones de secretarías, llegando a su punto más álgido con la ocupación y acampe en el ministerio de Educación en Rawson por parte de cientos de docentes.


Los resultados de esas acciones fueron dispares. Aun falta un balance crítico y minucioso del asunto. Pero si bien no se lograron obtener todos los reclamos, se alcanzaron recomposiciones salariales que más o menos estaban a tono con la inflación, es decir superiores a las del ámbito privado. El gobierno, por su parte, también suscribió una serie de compromisos para revertir el vaciamiento en servicios que presta el Estado que nunca cumplió. El mayor saldo de ese proceso fue la incorporación de nuevos contingentes de luchadores/as en toda la provincia, el surgimiento de amplios sectores autoconvocados (no antisindicales sino cuestionadores de las conducciones), e incluso de manifestaciones embrionarias de coordinadoras como la Asamblea Interhospitalaria del Noroeste del Chubut.


Todo ese proceso vivido en 2018 fue el caldo de cultivo para el que vive en la actualidad Chubut. A diferencia del año pasado, esta vez las bases confían mucho menos en la MUS, que se encuentra más debilitada por el alejamiento de ATE y otros sindicatos. En los ya casi tres meses de lucha se produjeron puebladas para evitar represiones a piquetes (Sarmiento); movilizaciones masivas en toda la provincia tras el ataque de una patota de Jorge “Loma” Ávila, secretario General del Sindicato del Petróleo y Gas Privado del Chubut, a estatales que se encontraban cortando rutas petroleras; lo mismo ocurrió tras las muertes en un accidente automovilístico, luego de participar de un Plenario Provincial de Delagados/as, de las docentes Jorgelina y Cristina, que incluyó el incendio de Legislatura y puerta 2 de Casa de Gobierno; bloqueos a la poderosa Aluar y playa de Tanques de YPF en Comodoro Rivadavia, dejando sin distribución de combustible a todo el sur chubutense, Santa Cruz y Tierra del Fuego, provocando el corte de energía eléctrica en algunos poblados; piquetes numerosos en rutas nacionales y provinciales y, al igual que el año pasado, ocupaciones y acampes en dependencias estatales. Este año, además, cuenta con amplio protagonismo de trabajadores viales, auxiliares de la educación, estudiantes secundarios y jubilados.


Lo más cualitativo del proceso en curso, además de las medidas de acción directa y los paros y retenciones de servicios, que en algunos casos, como el docente llevan 12 semanas, sin dudas son los embrionarios desarrollos de coordinación desde las bases que se están llevando adelante: las asambleas interhospitalarias se extendieron hacia toda la provincia; la docencia ya lleva dos plenarios provinciales de delegados/as y en pocos días volverá a realizar otro; ayer trabajadores del hospital regional de Comodoro Rivadavia votaron exigir a la conducción provincial de ATE un plenario de todos los delegados de hospitales de la provincia; en Esquel, Comodoro Rivadavia, la Comarca Andina y en lo que fue el acampe en Legislatura se realizaron asambleas intersectoriales. Todas estas formas de coordinación se hacen a pesar de las conducciones sindicales y han puesto en alerta no solo al gobierno de Mariano Arcioni, sino al resto de los partidos patronales.


Salvo algunos episodios puntuales, el proceso aun no ha desbordado los márgenes de la institucionalidad burguesa, ni se han producido grandes enfrentamientos con sus fuerzas represivas, por lo que el Estado aun no ha perdido del control de la situación. Lo que no implica que la “gobernabilidad” no se haya puesto en cuestión. El “Fuera Arcioni” es una consigna generalizada, aunque por el momento prima como salida institucional mediante la figura del “juicio político”, que ningún diputado parece seriamente dispuesto a llevar adelante, al menos por ahora. Otro límite es que aun ni el sector privado ni los trabajadores desocupados se han sumado en masa al proceso, aunque no han dejado de mostrar simpatías y solidaridad con el mismo, en particular los petroleros de Comodoro Rivadavia y Sarmiento, con sus muestras de apoyo a los piquetes en esas zonas.


Otra característica insoslayable que recorre todo el proceso es el contundente rechazo popular a los intentos de instalar la megaminería en la provincia. Cualquier tentativa de avanzar con estas intenciones serán replicadas con levantamientos populares generalizados y sin dudas serán acompañados de enfrentamientos directos contra el Estado y sus fuerzas represivas.


De todo lo anterior se desprende que lo que se conoce como “Chubutazo” es un proceso abierto. Bautizado así por las propias masas que lo protagonizan, es evidente que aun no cobró la radicalidad de otros “azos” conocidos por la rica historia de luchas de las masas de nuestro país. Por lo pronto, podemos señalar que, al menos hasta ahora, el “Chubutazo” es la respuesta en las calles de los trabajadores estatales (pasivos y activos) y los estudiantes a los intentos de los gobiernos de Arcioni y Macri en descargar la crisis sobre sus espaldas.


En las últimas semanas el rol del Frente de Todos y de las burocracias sindicales ha quedado más claro para las bases, principales sujetos del “Chubutazo”. Por ello los intentos de coordinación se ven como una respuesta a las maniobras para desmovilizar y sacar a los trabajadores de las calles, como ordenó Alberto Fernández.