jueves, 31 de octubre de 2019

Balance de una campaña lavada en la tierra del “Chubutazo”


Con seguridad, como en ninguna otra parte del país, quedó claro que los resultados electorales no resolverán la crisis estructural que atraviesa nuestra provincia. ¿Del spoileo de la bancarrota del régimen al spoileo de la intervención del Frente de Izquierda?





Por Iván Marín

Sin sorpresas, en Chubut el Frente de Todos aventajó con comodidad en la categoría presidencial a Juntos por el Cambio: según datos provisorios 167.164 (52,16%) votos contra 94.685 (29,54%). Muy lejos aparece en tercer lugar Consenso Federal con 24.326 (7,59%); le sigue el Frente Nos con 13.746 (4,28%), luego el Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad (FITU) con 12,727 (3,97%) y cierra Unite por la Libertad y la Dignidad con 7.814 (2,43). En tanto que 7.327 (2,19%) personas votaron en blanco.


La fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández fue la que más provecho sacó de las políticas de ajuste de los cuatro años de Mauricio Macri al frente del Ejecutivo nacional, pese a que los despidos en el sector privado de la provincia (en especial en el petróleo) comenzaron en los últimos meses de Cristina Fernández en la presidencia. Durante la gestión nacional del macrismo en la provincia se perdieron más de 7 mil puestos de trabajos directos, de los cuales más de 2 mil corresponden al sector hidrocarburos donde, además, otras 2 mil personas relacionadas de forma indirecta con el rubro también perdieron su trabajo.


La convulsionada situación provincial hacía particularmente interesante saber qué iba a ocurrir en la categoría a diputados nacionales. Recuérdese que en Chubut se desdoblaron las elecciones provinciales, resultando triunfadora para la gobernación la fórmula Mariano Arcioni-Ricardo Sastre de Chubut al Frente. Arcioni se hizo cargo del ejecutivo luego del fallecimiento de Mario das Neves a fines de octubre de 2017. Al poco tiempo profundizó las políticas de ajuste, entre las que se destaca el pago en forma escalonada a los estatales, con la excepción de la Policía del Chubut. Lo que llevó a que el año pasado la provincia estuviera paralizada en el primer semestre con ocupaciones de edificios públicos, piquetes, movilizaciones multitudinarias y paros y retenciones de servicios de los trabajadores.


El proceso se reactivó en julio del presente año ante el regreso del pago escalonado y el no cumplimiento de las paritarias firmadas y homologadas en febrero y marzo, a pocas semanas de las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), que se desarrollaron el 9 de abril. Bautizado por las propias masas movilizadas como “Chubutazo”, el proceso este año por momentos cobró mayor radicalidad que en 2018, aunque persiste el límite de ser dirigido por la Mesa de Unidad Sindical (MUS), que en su mayoría responden al PJ-Kirchnerismo. Incluso un aliado político a Alberto Fernández como Jorge “Loma” Ávila, secretario General del Sindicato del Petróleo y Gas Privado, envió a una patota a atacar un piquete de estatales en rutas petroleras.


En ese marco, el Frente de Todos obtuvo dos de las tres bancas en disputa, ingresando Santiago Igón y Estela Hernández tras obtener 153.550 (53,29%) votos. La otra diputación quedó en manos Ignacio Torres, el referente del PRO en Juntos por al Cambio, a quien votaron 93.255 (32,36%) personas. Más atrás viene el Movimiento Polo Social Chubut, que fue en alianza con el Frente Nos de Juan Gómez Centurión, con 21.727 (7,54%). El FITU, que llevaba de candidatos a Gloria Sáez (PO), Daniel Ruiz (PSTU), (recientemente liberado tras estar detenido más de un año por movilizar contra la reforma previsional en diciembre de 2017 y que no participó en ningún spot), y a Emilse Saavedra (MST), obtuvo 14.605 (5,06%) votos. Por último, al Partido Independiente del Chubut lo votaron 4.996 (1,73%) personas. Debe destacarse el alto índice de votos en blanco, que llegó según el relevamiento provisorio a las 35.054 (10,64%) personas, a las que se le deben sumar otras 5.483 a quienes se le anularon los votos, entre los cuales hay casi 500 recurridos.


Al igual que en el resto del país, pero con mayor notoriedad en nuestra provincia por el “Chubutazo” en curso, la campaña electoral se caracterizó porque ninguna de las fuerzas políticas en disputa advirtió que las elecciones no resolverán los graves padecimientos que aquejan al pueblo trabajador. En ese sentido, las elecciones como expresión distorsionada de la consciencia de las masas, reflejan en nuestra provincia el hartazgo a las políticas de Macri con el voto al Frente de Todos. Aunque el apoyo a los Fernández debe ser matizado si se tiene en cuenta el alto porcentaje de votos en blanco en diputados nacionales, obteniendo el tercer lugar en esa categoría.


Lo llamativo del asunto es el rol que jugó el Frente de Izquierda en esta campaña electoral. Sus spots y materiales de agitación se limitaron a reproducir los materiales de la campaña nacional, en marcada contradicción con la caracterización que hacen en sus prensas partidarias del proceso de Chubut como un adelanto de lo que ocurrirá en el resto del país. Cabría preguntarse si así como la crisis en nuestra provincia spoilea un futuro cercano a nivel nacional, no solo en cuanto al intento de descargarla sobre la espalda de los trabajadores, sino sobre el rol que jugarán los partidos patronales y la burocracia sindical, también spoilea la futura intervención del Frente de Izquierda.  


La fracción oficial del Partido Obrero, que se ufana hace varios meses en ser supuestamente la primera en agitar la consigna “Fuera Arcioni”, en su balance sobre las elecciones omite hacer referencia a que la misma se llevó adelante mientras se desarrolla el “Chubutazo”, nombre con el que titularon varios de sus artículos en las últimas semanas. Desde ya, reconocer eso, implica necesariamente aceptar el carácter despolitizado de la campaña, en el sentido de no brindarle a los protagonistas del “Chubutazo” una caracterización correcta de la situación de la provincia y, sobre todo, una orientación con perspectiva de poder para el triunfo de la lucha.


No solo estuvo ausente de las consignas de agitación de la campaña electoral el “Fuera Arcioni” que resuena en cada una de las movilizaciones provinciales, sino también la necesidad de coordinar las luchas mediante plenarios o asambleas de delegados. Tampoco se aprovechó a denunciar el rol que juega la burocracia sindical como escollo para que se desarrolle el proceso, en particular la MUS y las CGTs y CTAs. Ni siquiera hubo referencia alguna a la tibia exigencia de un paro de 36 horas a las centrales sindicales. Desde ya, la imprescindible consigna de “huelga general”, en una provincia paralizada hace más de tres meses en el ámbito estatal, brilló por su ausencia. En ese marco, tampoco puede sorprender que no hayan agitado la necesidad de una asamblea constituyente libre y soberana, que revoque todos los poderes del estado y discuta una provincia sobre nuevas bases sociales, en perspectiva de un gobierno de los trabajadores.


Es decir, se dejó pasar una oportunidad histórica. Quizá como en ningún otro lado, en Chubut se expresó a la luz de todo el mundo la crisis estratégica en la que está envuelta la izquierda revolucionaria en nuestro país, y que viene señalando la Tendencia del Partido Obrero. Una izquierda que pretende abordar de forma parlamentaria problemas estructurales que padecen las masas. Una izquierda que no apuesta a darle una perspectiva de poder a los trabajadores, que no puso la campaña electoral al servicio del “Chubutazo”, sino que se valió del mismo para tratar de subir los porcentajes pretendidos. Los números reflejan que en Chubut había recepción para realizar una campaña revolucionaria.


Pero Chubut no es una isla en nuestro país, ni en el continente. Ecuador, Chile y Haití, por citar los casos más relevantes en la actualidad, viven momentos de aguda confrontación no ya contra políticas de ajuste sino contra el régimen en su conjunto. La crisis económica internacional que comenzó en 2008 amenaza con dar un nuevo salto en el futuro inmediato, reactualizando necesariamente en el escenario la lucha de clases. La izquierda revolucionaria debe prepararse para ello con los métodos históricos de la clase obrera y con una perspectiva de poder independiente de la burguesía y, por ende, en ruptura con el capitalismo: un gobierno de los trabajadores.

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