lunes, 15 de febrero de 2021

Apuntes a la historia del trotskismo argentino (1930/1951)

Primero de cuatro artículos escritos para la revista "En Defensa del Marxismo" por Julio Magri entre los años 1991 y 1992, y que seguiremos publicando en los próximos días en este sitio.

 

 


 

 

APUNTES A LA HISTORIA DEL TROTSKISMO ARGENTINO (1930/1951)

 

Julio N. Magri

 

Trotsky sostuvo repetidas veces que un programa de partido no podía limitarse a señalar las líneas generales del desarrollo revolucionario sino que debía refractar esas líneas generales, resultantes del carácter mundial del capitalismo, en las peculiaridades de cada nación y aún tener en cuenta las condiciones específicas de la evolución de la conciencia del proletariado. Este es el camino obligado para que el programa revolucionario encarne en la clase obrera de cada país.

 

A la luz de esto es que la elaboración de una historia del trotskismo argentino no debe agotarse en la recopilación de textos y hechos olvidados o no debidamente apreciados, sino que debe servir para asimilar las experiencias frustradas que tuvieron por objetivo estructurar el partido revolucionario. Una historia del trotskismo debe sacar a luz cómo se abordaron en el pasado los problemas estratégicos y cuales fueron los aportes y las limitaciones en la estructuración del programa. El propósito del historiador no es canonizar a los grupos políticos que actuaron en nombre del trotskismo o más precisamente de la IV5 Internacional, sino caracterizar su actuación política a la luz de las condiciones imperantes de la lucha de clases del movimiento obrero internacional y del marco histórico de la nación en cuestión.

 

La importancia a este respecto de la “Historia del trotskismo argentino (1929/60)” de Osvaldo Coggiola (Ed. CEAL-Centro Editor) está fuera de cuestión. La recopilación y ordenamiento de la vasta literatura y de las discusiones que enfrentaron a los grupos que se proclamaban trotskistas y sus relaciones con la IV5 Internacional, constituye un mérito indiscutido del autor. Coggiola evalúa a lo largo de su trabajo los problemas estratégicos que, conscientemente o no, estuvieron en la base de las crisis de esos grupos y de su fracaso para actuar en conformidad con una estrategia cuartainternacionalista.

 

**********************************************


El movimiento trotskista nace en Argentina a comienzos de la década del ‘30, pero durante sus primeros quince años tendrá una vida larvada y errática. No obstante, es el receptáculo de varias escisiones que se producen en el stalinismo.

 

El gran debate que recorre las filas trotskistas (y no sólo trotskistas) es la caracterización del país, el carácter de la revolución y las tareas a cumplir. En líneas generales, los primeros grupos trotskistas sostenían que Argentina era un país capitalista desarrollado, en el que no se planteaban las tareas de independencia nacional. Una minoría, no obstante, partía del^ carácter atrasado del capitalismo argentino y de su dependencia del imperialismo mundial, para señalar la vigencia de la liberación nacional. Una expresión de la debilidad teórica de la época es que esta minoría fue incapaz de sacar a la liberación nacional del plano de la abstracción y extraer las conclusiones políticas concretas, por ejemplo, con relación a las tentativas autónomas de la burguesía y a los movimientos nacionalistas.

 

Resulta notable que los primeros trotskistas argentinos no percibiesen la cuestión nacional en los años ‘30 cuando ésta se expresó con particular intensidad. La crisis mundial de 1929 puso al rojo vivo los vínculos semicoloniales de la Argentina con Inglaterra y abrió una colosal crisis política y social. La colonización financiera de Gran Bretaña produjo una temprana y extraordinaria integración de Argentina al mercado mundial pero, dialécticamente, aisló al país, al mismo tiempo, de la circulación general de la economía mundial por su carácter unilateral, por el bloqueo que ejercía contra la industrialización. La caída del comercio exterior, a partir de 1930, produjo una brutal expulsión de las masas agrarias y urbanas del interior del país y la ruina de la clase obrera. Otra consecuencia fue la quiebra del régimen político y el inicio de la era de los golpes militares.

 

En realidad, los trotskistas negaban la opresión imperialista por el hecho de que Argentina no estaba ocupada por una fuerza militar extranjera y porque contaba con una industria y u-na clase obrera con cierto desarrollo, al menos en relación a los demás países latinoamericanos. Consideraban al imperialismo en términos de fuerza militar o como explotación de las naciones exclusivamente agrarias. La semiindustrialización de las naciones semicoloniales aparecía, entonces, como sinónimo de autonomía nacional, que no podía ser compatible con la dominación del capital financiero internacional.

 

Esos grupos trostkistas no tenían en cuenta que “el capital financiero es una fuerza tan considerable, por así decirlo, tan decisiva en todas las relaciones económicas e internacionales, que es capaz de subordinar, y en efecto subordina, incluso a los Estados que gozan de una independencia política completa…” (El imperialismo, Lenin). Lenin colocaba a Argentina en la categoría de estos últimos.

 

En verdad, estos primeros grupos trotskistas establecían una continuidad, no con Lenin y Trotsky, sino con Juan B. Justo, uno de los fundadores del PS, quien, partiendo de que la colonización del agro y el establecimiento de los grandes medios de transporte habían integrado al país al sistema capitalista internacional, a-preciaba al imperialismo, unilateralmente, como factor de universalización del modo de producción capitalista. Por eso Justo sostenía que el capital extranjero “sano” era un progreso (la tarea del poder político debería ser impedir que se manifestara su lado enfermo o negativo, tesis que luego haría suya el nacionalismo burgués — APRA, UCR, etc.). Los trotskistas podían discutir sobre el grado del atraso o dependencia del capitalismo argentino, pero negaban que la opresión imperialista constituyera una valla insalvable al desarrollo burgués nacional independiente de las naciones atrasadas. Es decir, que negaban que Argentina sufría, al mismo tiempo, las consecuencias de un elevado desarrollo capitalista (ramas modernas controladas por el capital financiero) y de un insuficiente desarrollo del capitalismo (atraso agrario, industria artesanal, ausencia de integración autónoma al mercado mundial).

 

A fines de la década del ‘30 Quebracho (Liborio Justo) sostendrá, sin embargo, que “la Argentina es un país semicolonial sometido al imperialismo” y que está planteada la lucha por la liberación nacional (ver Coggiola, págs. 32 en adelante). Esto desatará una violenta polémica en las filas trotskistas. Se pondrán de relieve, entonces, las lagunas, debilidades y la inmadurez teórica de esos grupos.

 

Para un sector del trotskismo de esa época (Antonio Gallo, Jorge Lagos) el planteamiento de la liberación nacional significaba el abandono de la estrategia de la revolución socialista, la negación del carácter capitalista del país y conducía al “frente popular” (colaboración de clases con la burguesía nacional).

 

Para Gallo y Lagos, liberación nacional concluía con la independencia formal.

 

“La burguesía argentina, a diferencia de los demás Estados latinoamericanos — sostenía Gallo— se basa en una economía de cierto grado de desarrollo propio, tiene una gran experiencia, cuenta con un Estado bien organizado y un aparato de represión formidable. Ya ha hecho su revolución y está dispuesta a gozar de sus beneficios. No tiene el menor propósito de lanzarse a ninguna revolución ‘antiimperialista” (Coggiola, pág 34).

 

Como se puede apreciar, Gallo consideraba que el imperialismo no tenía vigencia allí donde la burguesía nacional contaba con un Estado propio, es decir, que la consideraba una clase dirigente y opresora plena. Gallo excluía como propio del imperialismo al conjunto de las relaciones, cadenas y trabas políticas y económicas que sujetan a las naciones atrasadas y que por ese motivo confieren al Estado nacional y a la burguesía nativa un carácter semi-dirigente y semi-oprimido (Trotsky). Lenin había advertido que “para el capital financiero la subordinación más beneficiosa y más cómoda es aquélla que trae aparejada consigo la pérdida de la independencia política de los países y de los pueblos sometidos. (Pero)… Los países semi-coloniales son típicos, en este sentido, como ‘caso intermedio Se comprende, pues que la lucha por esos países semidependientes haya tenido que exacerbarse particularmente en aquella época del capital financiero, cuando el resto del mundo se hallaba ya repartido” (El Imperialismo…).

 

Tanto Gallo como Lagos deducían la inactualidad de la cuestión nacional en Argentina de su apreciación de que la burguesía argentina no estaba interesada en la lucha antimperialista, lo que sí ocurriría en el caso de las demás burguesías latinoamericanas.

 

Pero la opresión nacional no se establece por la capacidad o disposición subjetiva de la burguesía nacional para librar una lucha antimperialista. Gallo, por ejemplo, le extendía una “certificado de lucha” a las burguesías latinoamericanas y se lo negaba a la burguesía argentina, cuando en realidad la burguesía argentina protagonizó mayores movimientos de resistencia al imperialismo que cualquier otra de América Latina.

 

El problema correctamente planteado sigue siendo otro. La vigencia de la lucha nacional está presente donde, aún si existe un Estado nacional, éste se encuentra bajo la dependencia (económica, política o militar) de un Estado extranjero, en virtud de un conjunto de relaciones históricas, en el caso argentino su temprana subordinación al capital comercial y financiero británico. La opresión nacional otorga un carácter progresivo a las tareas nacionales aunque no a la burguesía nacional. Esta tiende a la unión más completa con el imperialismo, por imperio de la fuerza de atracción del capital financiero (bien que esa tendencia nunca pueda transformarse en unión total), y teme, por otro lado, al proletariado y a los levantamientos agrarios. El yugo imperialista exacerba la diferenciación interna de la nación, por eso en lugar de armonizar los intereses de las clases nativas agudiza la lucha en el seno de la nación oprimida, es decir la lucha del proletariado contra la burguesía nacional.

 

Para Gallo la consigna de liberación nacional subordina al proletariado a las clases dominantes nativas razón por la que Lagos la califica de variante de “frente popular”. Pero si la burguesía puede encubrirse con las banderas del antimperialismo para reclamar el apoyo del proletariado y del conjunto de las masas ello se debe a que la opresión imperialista se manifiesta inevitablemente por todos los poros de la sociedad. No es posible acabar con la influencia de la burguesía entre la clase obrera y las capas pobres negando el yugo opresor. Si los trotskistas proclaman la abstención en la lucha contra el imperialismo, la burguesía nacional cuenta oon las manos libres para manipular a las masas, presentándose como la abanderada de los intereses nacionales. La vanguardia obrera, en este caso, lejos de preservar la independencia de clase del proletariado, queda aislada como un grupo antinacional, incapaz de distinguir el campo imperialista.

 

Para Gallo y Lagos la lucha por la liberación nacional significaba que el antagonismo entre la burguesía nacional y el proletariado quedaba abolido, tesis ésta propia del stalinismo. Este sostiene que el proletariado debe subordinarse a la burguesía en nombre del enemigo opresor común. Como Gallo y Lagos rechazaban esta conclusión, creían resolverla suprimiendo de sus cabezas la opresión imperialista y las reivindicaciones nacionales. “La teoría y la estrategia marxista rechazan terminantemente, en todos los casos, la estúpida idea de que el proletariado deba convertirse en abanderado de ideas y de movimientos burgueses de “´liberación nacional`” (Documento de la LOS, ver Coggiola, pág. 36). Lo que no se comprendía era que la realización revolucionaria de las tareas de la emancipación nacional superan el marco de la democracia burguesa, que la lucha antimperialista debe servir para desenmascarar las vacilaciones y cobardía de la burguesía nacional ante las tareas históricas de la nación y que todo esto sirve para potenciar al proletariado como abanderado de las masas oprimidas.

 

Aunque Quebracho señalara la vigencia de la cuestión nacional y rechazara la asimilación de Argentina a las metrópois imperialistas, lejos estuvo de comprender el significado que esto tenía en la lucha de las naciones sometidas (surgimiento de movimientos nacionalistas de masas) y en el programa político del proletariado. En 1943, Quebracho rompe con el trotskismo. Quebracho lanzará la insólita y prostalinista acusación de que “el líder de la IV Internacional se puso al servicio del imperialismo yanqui en México”, ofreciendo como prueba, ni más ni menos, que el análisis y las posiciones políticas de Trotsky frente a la cuestión nacional. Es decir que no había entendido nada de su propio planteo.

 

Quebracho sostuvo que la nacionalización del petróleo por el general Cárdenas en México, en 1938, no era más que una “lucha interimperialista” sin el menor atisbo de reivindicación nacional. Quebracho pasó a suscribir las posiciones de ciertos grupos trotskistas ultra-izquierdistas mexicanos que atacaron a Trotsky por el apoyo que éste brindó a la medida de Cárdenas. Estos grupos sostenían que la nacionalización del petróleo “sirve al imperialismo norteamericano contra el imperialismo inglés” (L.C.I., julio 1938, citado por Quebracho en: “León Trotsky y Wall Street”, pág. 97). Esto no les impedía a esos grupos y a Quebracho decir, al mismo tiempo, “que la medida de Cárdenas era progresiva y debía ser apoyada por los militantes revolucionarios” ( ídem, pág 92). Sin embargo, calificaban a la nacionalización de Cárdenas como una inspiración… del imperialismo norteamericano.

 

Es evidente que al asimilar la nacionalización del petróleo por Cárdenas al imperialismo yanqui, los llamados “trotskistas” mexicanos se cerraban el camino hacia las masas. Para Trotsky la ubicación correcta de la lucha nacional no era más que el punto de partida para que el proletariado no quedara entrampado en el campo burgués. La burguesía mexicana, para ganarse una base de apoyo en la clase obrera y para contar con un capital político para su regimentación, llegó inclusive a proponer la participación obrera en la industria nacionalizada. Para Trotsky estaba fuera de cuestión (“sería un error desastroso, una abierta impostura”) que las nacionalizaciones y la co-dirección obrera cambiaran el carácter de clase burgués, del gobierno y que, por lo tanto, eliminaran la necesidad de la revolución proletaria. El problema era otro. En la medida que disputaba una reivindicación nacional y buscaba interesar a los obreros en ella, el peligro era que la clase obrera fuese ganada a la política burguesa nacionalista. El esfuerzo de Trotsky estuvo destinado a establecer la correlación política y programática de la lucha nacional y proletaria, cómo y en qué medida la participación obrera podía permitir el desarrollo de la oposición política al régimen burgués, desnudar sus vacilaciones, cobardía e impotencia en la disputa antiimperialista.


Quebracho, por lo tanto, aunque planteó la “liberación nacional”, no salió de la abstracción, era incapaz de reconocerla en un enfrentamiento político concreto. Tenía una caracterización insuficiente del movimiento nacionalista de contenido burgués, ni que decir de la conducta que debía adoptar el proletariado revolucionario. Trotsky supo oponer el proletariado a la burguesía en la cuestión nacional, en el caso de México, Quebracho le dio simplemente la espalda. El señalamiento de la liberación nacional no agota la necesidad de determinar las peculiaridades nacionales de un país, es muy abstracta. Las posiciones de Quebracho sobre la liberación nacional, en lugar de ser el punto de partida para la elaboración del programa y la política del proletariado en la Argentina atrasada y semicolonial no pudieron hacer frente al surgimiento en Argentina de un movimiento nacionalista de masas, el peronismo, que logrará dirigir y regimentar a la clase obrera. Los trotskistas argentinos no estaban teóricamente preparados para lo que se venía.

 

1945: EL PERONISMO

 

Estos problemas se manifestaron con total crudeza en 1945. Coggiola señala que, con excepción de algunos núcleos de grupos trotskistas que, más bien empíricamente, reconocieron el lado progresivo del peronismo en relación a la Unión Democrática, la mayoría lo calificó de “movimiento reaccionario”, de tintes policiales, asimilable al fascismo. Entre ellos se encontraba Jorge Abelardo Ramos, entonces defensor de “las posiciones anti-liberación nacional” (Coggiola, pág 96) pero que meses después descubrirá las virtudes peronistas pasándose abiertamente al campo burgués.

 

En esa época hace su debut en las filas trotskistas Nahuel Moreno, quien llevará al extremo las caracterizaciones y posiciones erróneas de sus predecesores y contemporáneos. '

 

Moreno reconocerá el carácter atrasado y semicolonial de Argentina, entroncando en el pensamiento de Quebracho, pero negará la peculiaridad de los movimientos nacionalistas de masas de contenido burgués, pues asimilará a la burguesía nacional con el imperialismo.

 

“La crisis general del imperialismo en todos los terrenos, político, social, económico, colonial, acelera la unidad general del mundo capitalista y no debilita esa unidad. La burguesía de los países atrasados que forman parte del mundo capitalista están cada vez más unidos al imperialismo por motivos económicos, sociales y políticos, a pesar de que no dejan de tener roces con los países metropolitanos por el reparto de la plusvalía, como consecuencia del fortalecimiento del poderío de sectores de la burguesía de los países atrasados, lo importante es que estos roces no debilitan el frente único imperialismo-burguesía nacional sino que la crisis fortalece cada vez más ese frente único” (Moreno, “GCI, agente ideológico del peronismo en el movimiento obrero”, noviembre 1951). Como dice Silvio Frondizi (“La realidad argentina”, tomo II): “Es evidente que aquí se confunden dos cosas: la tendencia de los gobiernos de los países semicoloniales, con los límites de esa política… ”.

 

La tendencia de la burguesía nacional hacia el entrelazamiento con el capital financiero en modo alguno puede darse de una manera armónica. El imperialismo extiende el parasitismo, es decir que agudiza las contradicciones nacionales.

 

La transformación del frente único imperialismo-burguesía nacional en bloque monolítico significa que el capital financiero sería capaz de resolver las contradicciones que oponen a las naciones oprimidas con el yugo imperialista. La tendencia a la alianza no elimina sus límites y contradicciones. Trotsky señaló magistralmente que “la llamada burguesía *nacional9 tolera todo tipo de degradación nacional mientras pueda mantener su existencia privilegiada. Pero cuando el capital foráneo se propone asumir la plena dominación de toda la riqueza del país, la burguesía colonial se ve obligada a recordar sus obligaciones ‘nacionales’” (“La revolución china”).

 

Hay que subrayar que las teorizaciones de Moreno se hicieron en relación al peronismo — movimiento de masas burgués— que debía enfrentar al bloque reaccionario del imperialismo yanqui y la burocracia del Kremlin. Tenemos aquí un ejemplo terrible de la relación entre la insuficiencia teórica y la más completa ceguera política.

 

Para Moreno, Perón era un agente inglés, y “la dependencia de la burguesía nacional, su falta de ‘nacionalismo’ su rol antinacional y ‘reaccionario’… (hace que) todo gobierno burgués argentino será el agente de Inglaterra”.

 

Moreno no niega la progresividad del nacionalismo de un país oprimido; denuncia su “falta” en el peronismo. Pero es indudablemente incapaz de concretizar su caracterización, al calificar a todo movimiento nacionalista de contenido burgués como reaccionario. La falla de Moreno consiste en lo siguiente: no determina el peso específico de las contradicciones nacionales en la estructura social e histórica del país; no advierte la correlación entre esas tareas pendientes concretamente definidas y el peronismo.

 

El peronismo —dice— “… es francamente totalitario; ha tenido y ha logrado hacer controlar serios roces con el imperialismo yanqui, por seguir siendo Argentina el tradicional baluarte del capitalismo europeo, especialmente del inglés, y no por ser antimperialista o reflejar un sector burgués nacional antimperialista” (Moreno, citado por Coggiola, pág. 99).

 

Pero si para Moreno esto era el peronismo, ¿qué era para él la Unión Democrática? Moreno no caracterizaba a la Unión Democrática de bloque al servicio del imperialismo yanqui. Por el contrario, era al peronismo al que caracterizaba como “la vanguardia de la ofensiva capitalista contra las conquistas obreras”, es decir, como el bloque burgués proimperialista por excelencia, como “un movimiento dirigido y formado por militares y marinos, curas y profesores, conservadores y sindicalistas a granel, ex-socialistas y radicales, matones y caficios, industriales y comerciantes, ganaderos y terratenientes, curas y artistas de varieté o radioteatro, agentes del imperialismo y nacionalistas trasnochados” (citado por Coggiola, pág. 98/99).

 

El peronismo, en síntesis, era, según Moreno, “el más grande defensor de las relaciones burguesas tradicionales del país; dominio de los exportadores, sobre todo de los ganaderos y frigoríficos y estrechas relaciones con el imperialismo inglés”. La UD, en comparación, era progresiva. Tenemos, así, por primera vez, la determinación del carácter de un movimiento burgués en una nación oprimida por su demagogia democrática-formal (U.D.), sin tener en cuenta su contenido proimperialista, en oposición al “totalitarismo” de los movimientos nacionales.

 

Hasta un ciego podía ver (y estas citas son de un texto de 1949) que los representantes históricos burgueses, como el imperialismo yanqui y los de la burocracia del Kremlin, estaban en la Unión Democrática, y que en 1949 Perón estaba girando a la órbita de los Estados Unidos.

 

Sin lugar a dudas es propio de los movimientos nacionalistas burgueses buscar apoyarse en un imperialismo contra otro. Más aun, Perón para asegurar el mercado inglés de carnes, compró a cambio los ferrocarriles y otras propiedades, a precio de oro, como lo reclamaba la Bolsa de Londres. Esto demuestra que la burguesía nacional actúa dentro de los límites que le impone su propio carácter de clase explotadora, como una fracción de la burguesía mundial. Por esto mismo, la oposición del imperialismo yanqui a Perón no llegó hasta la invasión militar como lo reclamaba el PC. Pero los intereses del imperialismo mundial estaban en la Unión Democrática. Aunque esta realidad no entraba en su esquema, Moreno llegó a explicarla del siguiente modo: “El imperialismo inglés, sin dejar de tener muchos de sus servidores y agentes nacionales en la oposición al gobierno (de Perón) tantos que hacen mayoría, apoya decididamente a este último, como mejor forma de defenderse de la penetración del imperialismo rival”. Como bien concluye Coggiola, “Perón es, pues, un agente inglés combatido por los agentes ingleses en la Argentina, y ya es difícil saber en qué mundo vivimos… ” (pág. 99).

 

Los movimientos nacionalistas burgueses procuran por definición la regimentación del movimiento obrero, con la finalidad de usarlo como factor de presión frente al imperialismo (para lo cual llega, incluso, a tomar iniciativas de organización de los trabajadores), y por sobre todo, para liquidarlo como clase independiente (esto con más razón por cuanto el proletariado tiende constantemente a superar los límites a que pretende confinarlo la burguesía). El peronismo se propuso y logró una amplia regimentación y estatización del movimiento obrero, al mismo tiempo apeló a formidables concesiones a los trabajadores. El peronismo se esforzó por regimentar al movimiento obrero, pero nunca hubiera sido- un fenómeno de masas si se hubiera limitado al sometimiento policial de los sindicatos.

 

Para Moreno, el peronismo, al revés, se limitó a estructurar un Estado policial, de reacción política, agente inglés, el más grande defensor de los estancieros y frigoríficos. Moreno ignora la democratización que impuso el peronismo al obligar totalitariamente a los patrones (muchas veces obligado él mismo por las huelgas) a aceptar una avanzada legislación laboral y una incuestionable re-distribución de la renta nacional.

 

Las citas de Moreno son ilustrativas del grado a que llegó su posición antiobrera y proimperialista.

 

“El 17 de octubre el movimiento obrero fue movilizado no sobre consignas antimperialistas o anticapitalistas sino para asegurar el orden burgués representando por la policía y el ejército y para liberar a Perón (poco importan los gritos, Viva Perón, Muera Braden)… No se trató por lo tanto de una movilización de clase ni de u-na movilización antimperialista sino de una movilización fabricada y dirigida por la policía y los militares, y nada más… No hubo ni iniciativa del proletariado ni oposición al régimen capitalista, ni lucha o conflicto con éste… No fue por lo tanto una movilización obrera… El 17 de octubre representó al mismo tiempo el punto culminante de esta ofensiva y el debut de otra… ” ( “¿Movilización antiimperialista o movilización de clase?” Nahuel Moreno en “Revolución Permanente”, N2 1, 21/7/1949).

 

“Los militares… incitaban al proletariado a ir contra la burguesía. Se produjo al calor de tal demagogia todo un movimiento obrero artificial que era alentado y apoyado por funcionarios estatales y policiales. Al decir artificial queremos decir que no fue consecuencia de la situación desesperada del proletariado o de su experiencia o conciencia” (“Frente Proletario”, N- 7, agosto 1947, pág 4.) Estas eran también las posiciones de la Sociedad Rural y la Unión Industrial para quienes las demandas obreras eran excesivas y artificiales, antojadizas, y el proletariado tenía lo que necesitaba.

 

Ciertamente, la movilización del 17 de octubre no fue una movilización de clase (aunque la inmensa mayoría de sus protagonistas y de las organizaciones que la impulsaron fueran obreras), esto porque estaba bajo la dirección de la burguesía nacional y de una parte del aparato estatal. No es la composición social sino la dirección política lo que determina, en última instancia, el carácter de una lucha. Pero claro que fue una movilización antimperialista, y hasta cierto punto antiburguesa, pues se reclamaba contra la anulación inminente de conquistas obreras fundamentales (aguinaldo, pago de feriados, vacaciones). Todo movimiento de masas dirigido por la burguesía desnaturaliza su contenido profundo. Pero la burguesía no puede nunca crear artificialmente un movimiento obrero, debe partir de las aspiraciones e iniciativas ya contenidas en él. Actúa, no artificialmente, sino preventivamente. El planteo abusivo, extremo y unilateral de Moreno mide, por cierto, la ceguera política de quien llegó a atribuirse la representación de un trotskismo consecuente.

 

Es oportuno aprovechar la ocasión para señalar que, más tarde, Moreno reivindicará para el partido laborista de Gay y Cipriano Reyes, que va a surgir como consecuencia del 17 de octubre, un carácter obrero independiente. Pero el Partido Laborista sí que fue “artificial” sin raíz ni contenido. Este último fue un aparato transitorio con base en la burocracia sindical, ciento por ciento sometido al nacionalismo burgués.

 

Moreno consideró al peronismo “un movimiento reaccionario de derecha” y a los sindicatos surgidos en 1945 del siguiente modo: “En cuanto a su esencia son sindicatos estatizados, es decir, los sindicatos oficialistas son sindicatos fascistas o semifascistas” (“Frente Proletario”, N3 7, pág 2). Moreno terminó coincidiendo con la caracterización típica del PS y del PC: que el peronismo era nazi-fascista, es decir el nacionalismo burgués de una nación opresora, no de una oprimida.

 

Ahora bien, ni el caracterizar a Perón como un agente inglés, ni el negar que la Unión Democrática fuera un bloque pro-yanqui, ni el no advertir al ascenso mundial del imperialismo yanqui (todos estos, factores que tienen que ver con el análisis concreto) explican que se identificara a Perón con el fascismo. Moreno reconocía que los agentes ingleses eran mayoría en la Unión Democrática y que la rivalidad anglo yanqui no era la cuestión decisiva. El embellecimiento de la Unión Democrática por parte de Moreno tenía que ver con que en el bloque proyanqui participaban los llamados partidos obreros (PC, PS) y los de la burguesía liberal o democratizante.

 

Para Moreno, el peronismo era un movimiento que venía a anular las conquistas obreras, en especial, la independencia y libertad sindicales. Pero en realidad el proletariado había perdido conquistas en la década del ‘30, en tanto, que la burocratización de los sindicatos había llegado a un nivel desconocido, con la burocracia dividida entre el frente popular y la corruptela directa del Estado.

 

Moreno presentaba a las direcciones obreras comprometidas con los regímenes de la década infame y, luego, integrados orgánicamente en la Unión Democrática, como portadores de la independencia obrera.

 

La regimentación obrera por parte del nacionalismo tiene un carácter reaccionario, no importa que sea el de un país oprimido, y debe ser combatida intransigentemente por el proletariado. Pero esto sólo es posible si la vanguardia del proletariado se coloca como abanderada de la lucha antimperialista y nunca sosteniendo al bloque de fuerzas proimperialistas.

 

Se llegó a plantear que los sindicatos, al ser dirigidos por una burocracia nacionalista vinculada al Estado, aunque sean mayoritarios y de masas, pierden su carácter obrero y se transforman en burgueses. En cambio, los sindicatos dirigidos por una burocracia stalinista o socialistas no sólo serían obreros, sino, además, independientes de la burguesía. Lógicamente esto es una fabulosa apología de los aparatos contrarrevolucionarios del stalinismo y de la socialdemocracia, en momentos, ni más ni menos, en que estaban metidos hasta el pescuezo en la coalición política dirigida por el embajador yanqui Braden. Es así, que la corriente morenista —el GOM— afirmaba que el PC y el PS eran permeables a la presión obrera y reflejaban su evolución y conciencia políticas, rasgo que los diferenciaba de las burocracias de origen nacionalista burgués. “En cambio, la burocracia reformista contrariamente a la anterior (a la nacionalista) depende fundamentalmente de los obreros. Refleja en cierta medida su presión y diferentes estados de ánimo por los que atraviesan aquéllos… Su sumisión ideológica a la burguesía, que no la exime de roces con ella, sobre todo en las cuestiones tácticas a adoptar frente al movimiento obrero, no indica para nada sumisión a los gobiernos, sectores o partidos dominantes” (I.Rios, “El GCI y el problema sindical”, págs. 52/53, subrayado nuestro).

 

El stalinismo y la socialdemocracia, defensores por excelencia del orden burgués, serían los reflejos de la conciencia e independencia obreras. El “trotskismo” concluía, por la vía de la negación de las cuestiones nacionales, en el campo del imperialismo y en la más abyecta apología del stalinismo y la socialdemocracia.

 

Para Moreno, la CGT y los sindicatos peronistas habían dejado de ser sindicatos en el sentido más elemental de la palabra, o sea, un canal de lucha por el salario. A partir de aquí, la perspectiva que se va a trazar es la de la destrucción de la CGT y los sindicatos y no va a tener ningún planteo en favor de la democracia sindical, de la independencia de los sindicatos del Estado y por una nueva dirección del movimiento obrero. Las consignas del GOM eran: “Frente Único contra la CGT”, “Por la destrucción de la CGT” (Frente Proletario, N9 60, 18/8/51).

 

Durante todos esos años se produjeron luchas muy importantes contra la burocracia sindical y la estatización impulsada por Perón que ofrecían un terreno favorable para emancipar a las masas peronistas de su dirección. A espaldas de las enseñanzas de la II9 y III9 Internacional que planteaban el trabajo en los sindicatos reformistas, reaccionarios e inclusive fascistas, Moreno consideraba inadmisible realizar esa tarea en los sindicatos peronistas.

 

“Querer que proceda de otra forma (la CGT) es utópico. Lo reprochable no es que la CGT actúe de tal o cual forma, pues ello está consustanciado con su naturaleza misma: lo realmente peligroso es que compañeros que se dicen marxistas reprueben dicha actividad, con la ilusoria esperanza de que se puede modificar y entrar por el buen camino. La CGT como agente estatal-patronal está en todo su derecho de actuar así o peor si ello es posible; en cambio nosotros no tenemos el mismo derecho al lloriqueo blandengue o al reproche ofendido” (I. Rios, ídem).

 

En esta frase se resume el entierro de la posición morenista. La lucha en los sindicatos reaccionarios o burocráticos, para conquistas a las masas, es interpretada como una política para modificar la naturaleza de la burocracia o de los sindicatos burocráticos. El morenismo expresaba con esto un analfabetismo teórico descomunal. En su cabeza, la experiencia de cuatro internacionales había quedado reducida a un agujero negro.


RAMOS

 

También el grupo nucleado en torno de la revista “Octubre” se había ubicado en el campo del antiperonismo. Uno de sus animadores era Jorge Abelardo Ramos, quien actuaba bajo el seudónimo de Víctor Guerrero.

 

En el primer número de esta autodenominada “revista mensual del trotskismo”, que apareció en noviembre de 1945, Ramos sostenía con relación al desenlace político de la jornada del 17 de octubre:

 

“El coronel Perón explota en su provecho esa política traidora del stalinismo y consigue arrastrar a algunos sectores o-breros políticamente atrasados detrás de su aventura demagógica. Cuando finalmente es expulsado del poder por Campo de Mayo, cuya oficialidad comprende que la situación del Ejército se ha vuelto difícil, Perón moviliza a esos sectores obreros, incluidos los trabajadores de la carne (que dan la espalda al stalinismo por sus reiteradas traiciones) y con la ayuda de la burocracia estatal y la policía los lanza a la calle en una demostración de fuerza. El e-jército, impresionado por el gabinete oligárquico proyectado por el doctor Alvarez y por las demostraciones peronistas, teme represalias y un regreso directo al 3 de junio… Mientras las fracciones militares se tiran el poder entre ellas como una pelota, el proletariado permanece quieto y callado y, como quería el coronel, “va del trabajo a casa”…” (Octubre, N9 1, pág. 17).

 

Para Ramos el conflicto entre Perón y la Unión Democrática está vacío de contenido, no ve su carácter nacional, y por eso se limita a describir la crisis en la cúpula del Estado.

 

Ramos negaba por ese entonces hasta la posibilidad del surgimiento de movimientos nacionalistas de masas en los países semicoloniales e identificaba en forma absoluta a la burguesía nacional con el imperialismo. Luego de afirmar que “la burguesía desnuda crudamente su impotencia para luchar consecuentemente con el imperialismo”, lo que supone diferenciar a una del otro, Ramos ponía un signo igual entre ambos.

 

Para “Octubre”, “los sucesos del 17 y de octubre…” son un forcejeo por el gobierno dentro de las clases poseedoras de nuestros país, forcejeo dentro del cual actuó dividido el proletariado” (N9 1, pág. 6). De ahí la conclusión de Ramos de que el proletariado debía ser prescindente, es decir que no debía tener una política propia en este conflicto, pues de lo contrario “continuará siendo girado por los distintos sectores de la burguesía nacional y del imperialismo para servir los intereses de las clases enemigas” (ídem, pág. 4).

 

Al proclamar su neutralidad, Ramos estaba llamando al proletariado a no explotar en su beneficio la crisis política del Estado. No se entiende entonces cómo pretendía evitar que la clase obrera dejara de girar en tomo a la burguesía. Ramos se hará luego peronista, cuando comprueba que es la única vía de una carrera política personal.

 

Ramos primero negó la lucha nacional y le contrapuso en abstracto la lucha de clases; inmediatamente después eliminó a la lucha de clases y proclamó la vigencia exclusiva de la lucha nacional. Era la posición clásica del menchevismo y del stalinismo. La lucha nacional no cancela la lucha de clases —¡no lo hizo, sino que la destacó, en las revoluciones inglesa y francesa de los siglos XVII y XVIII! La lucha de clases en el interior de la nación oprimida —entre el proletariado y la burguesía— se potencia con la lucha nacional: arranca al proletariado de su estrecho círculo corporativo y le plantea los grandes problemas políticos e incluso internacionales. La revista “Octubre” denunció al anti-yanquismo de Perón como demagogia, lo mismo que el PC y el PS, sin comprender que aún si esto era cierto, la cuestión de la lucha contra el imperialismo yanqui, contra la intervención de Braden y contra el “nuevo orden internacional” de Roosevelt, Churchill y Stalin, estaba de todos modos planteada. Al tomar como referencia las posiciones de Perón, y no las contradicciones nacionales de Argentina, Ramos ya era sin saberlo un seguidista, quizás ciego, de la burguesía.

 

“La secretaría de Trabajo y Previsión fue ideada como un mecanismo gigantesco de domesticación y control sobre el movimiento obrero independiente” —decía Ramos en “Octubre”. Perón afirmó constantemente que encabezaba un movimiento de renovación en los métodos de la lucha económica de la clase obrera. Hasta qué punto puede ser ello exacto lo demuestra el hecho de que su principal apoyo lo encontró en los sindicatos más infectados de reformismo, es decir, de colaboración con la burguesía (la Federación de Empleados de Comercio, por ejemplo) y en los líderes más corrompidos, como Borlenghi, Domenech y Almarza, o en viejos elementos desplazados, como Cipriano Reyes. Se adaptó a su servicio al ala derecha del movimiento sindical, pactó con algunos sindicatos más o menos neutros y persiguió despiadadamente al movimiento sindical que, por sus vinculaciones políticas (el caso de los sindicatos stalinistas) se pusieron abiertamente en contra suya” (ídem, pág.4). Al “nacional” Ramos se le escapaba que las “vinculaciones políticas” del stalinismo y del PS que “molestaban” a Perón eran el gobierno norteamericano y la Unión Industrial antiperonista. Cuando Ramos se pasa luego al peronismo presentará como progresiva la estatización de los sindicatos a través de “los líderes más corrompidos”, “más infectados de reformismos” y del “ala derecha del movimiento sindical”, etc., etc.

 

En un trabajo sobre la izquierda nacional (“La Izquierda Nacional y el FIP”, de Norberto Galasso) se reivindican los análisis políticos de “Octubre”, con la única salvedad — dice el autor— de que “no acierta aún en la caracterización correcta del 17 de octubre’' (pág 61). Como puede apreciarse, el historiador tiene poco apego al rigor histórico.]

 

 Las posiciones de “Octubre” estaban sustentadas en una caracterización más amplia, histórica del país. Para Ramos, la acción del imperialismo universalizaba el modo de producción capitalista, y cualquier oposición a ello significaba pretender trabar la libre circulación del capital.

 

“La naciente burguesía criolla —decía— iba a entrar a partir de la emancipación política, en un largo período de guerras civiles, fruto directo del atraso feudal y bajo nivel productivo. Los caudillos se convertirían en los jefes de los distintos sectores-económicos regionales empeñados en predominar o simplemente subsistir”.

 

"El más fuerte de todos, Rosas, toma el poder en Buenos Aires en nombre de los ganaderos y lo retiene durante cerca de veinte años, aislando al país y acentuando su atraso…”

 

“La caída de Rosas implica la liquidación del caudillaje provincial, condición preliminar para la unificación nacional y la organización política del Estado burgués. La supresión de las aduanas interiores y las restricciones regionales caracterizan económicamente el período que se abre en Caseros. Desde un punto de vista más general, la victoria de Urquiza sobre Rosas, con todas sus consecuencias, cumple fines democrático-burgueses” (Víctor Guerrero, Octubre N2 1, págs. 11 y 12). Burgueses, sí, ¿pero democráticos? El imperio esclavista de Brasil y el capital comercial británico, eran los introductores de la democracia, y Mitre, en definitiva, su despachante de aduana. La formación del Estado burgués “argentino” anunciará la próxima destrucción de Paraguay y la definitiva balcanización de América del Sur. Esta vía de universalización del capitalismo se adapta a los estrechos horizontes de la libre circulación del capital inglés, es decir, se opone a una amplia circulación libre de los capitales. El aislamiento de los estados del norte de Estados Unidos y la poderosa formación de un mercado interior en el espacio norteamericano, favorecieron infinitamente más la libre circulación de capital que la temprana integración en América del Sur.

 

El número 2 de “Octubre” recién salió al año siguiente, en noviembre de 1946, como vocero de la LCR (Liga Comunista Revolucionaria), ahora con la colaboración de Niceto Andrés, como resultado de un acuerdo político con el grupo nucleado en torno del periódico “Frente Obrero”.

 

Sin pestañar, Víctor Guerrero dice aquí que “nuestra posición antes de las elecciones” había consistido en “apoyar críticamente a la burguesía del país semicolonial; (un) apoyo condicional (que) no significaba en modo alguno sembrar ilusiones sobre el ‘antimperialismo’ de Perón, sino ayudar a las masas con el ritmo de su propia experiencia…” (Octubre n2 2, pág. 3). Justificaba estas mentiras en que “la inexistencia de un partido revolucionario y las medidas obreristas y ‘antimperialistas`  de Perón habían movilizado a la clase obrera en su apoyo, despertándola de un letargo político de años; que en una lucha en la cual intervenían desnudamente el imperialismo yanqui y la burguesía nacional industrial de un país semicolonial, con el apoyo de amplias masas, era deber de los revolucionarios” ese “apoyo crítico”.

Ramos descubría el “antimperialismo” de Perón cuando el choque más serio con el imperialismo yanqui había pasado — y no retornaría hasta 1954/55. Con el triunfo electoral de Perón el 24 de febrero de 1946 se había cerrado la cusís del régimen político y terminó el breve peí iodo movilizador del peronismo. Perón, de inmediato, se empeñó en recomponer sus relaciones con los explotadores nativos y foráneos y en regimentar a fondo al movimiento obrero. El 24 de febrero de 1946 no se inauguró una fase antiimperialista sino la recomposición política en la burguesía y la decidida estatización y totalitarización de los sindicatos.

 

Mientras existió una disputa con el imperialismo, Ramos se declaró prescindente, y cuando esta disputa amenguó se emblocó con el peronismo.

 

Ramos se “peronizó” con el argumento del apoyo crítico o condicional a la burguesía nacional cuando ésta emprende una disputa antimperialista y pretendió que esta posición era un gran aporte de Trotsky en sus escrito sobre América Latina. En verdad, Trotsky nunca planteó el apoyo “crítico” a la burguesía nacional. Lo que planteó fue que la clase obrera debe ocupar su lugar en el campo de lucha contra el imperialismo —y esto de manera incondicional, es decir, con independencia de la dirección de esa lucha nacional— no que debe apoyar a la conducción burguesa de la lucha nacional y que los revolucionarios deben criticar permanentemente sus vacilaciones e inevitables capitulaciones, en especial en el curso de la lucha antimperialista y desenmascararla, con el fin de independizar al proletariado de la burguesía y conquistar la dirección obrera de la revolución nacional, que se convierte así en permanente.

 

A partir de aquí, Ramos pasará a defender a rajatablas el liderazgo histórico de la burguesía nacional.

 

“Pero la historia traza originales caminos —dice Víctor Guerrero (Ramos) (en el número 3 de “Octubre”). El crecimiento industrial argentino, el surgimiento consiguiente de su proletariado, la estrechez de su mercado nacional la desnuda hostilidad del imperialismo yanqui, la madurez política de la burguesía nativa, fueron los cinco factores que transformaron a la Argentina en la conductora del movimiento nacional en América Latina. Perón ha realizado con métodos “plebeyos” el reajuste político necesario a la burguesía nacional. Pero las fronteras argentinas resultan demasiado estrechas para el desarrollo actual de las fuerzas productivas. La “conciencia continental” de la burguesía nace, como ya hemos afirmado, de la inexorable necesidad de un mercado…

 

“El Plan Quinquenal y la Unión Aduanera con Chile limpiarán el camino de la clase obrera de las escorias feudales (chau universalización del capital logrado en 1853, JM), harán retroceder al imperialismo de sus puestos de control de la economía argentina y continental restringiendo así sus mercados y agravando su crisis y proveerán una escena histórica más amplia para la futura gran lucha entre la propia burguesía latinoamericana y el proletariado del continente"(Octubre n 3, enero/febrero 1947, pág. 5).

 

“Octubre” se dedica en los números siguientes a la tarea de revalorizar a la burguesía nacional y proclamar la vigencia del peronismo. “El triunfo de Estados Unidos sobre Inglaterra en su vieja lucha — sostenía Jacinto Almada (Ramos) en “Octubre” N 5— coincide con otro acontecimiento no menos notable: el nacimiento de la burguesía industrial argentina (sic). Cuando Wall Street se disponía a tomar posesión de la herencia colonial inglesa en el continente, la nueva burguesía argentina se cruzó en su camino levantando a su paso un vasto movimiento nacional en América Latina (increíble, JM). Aunque su política es una amalgama de atrevimiento, doblez y cobardía, propios de la burguesía colonial contemporánea, conmovió a millones de hombres, despertándolos a una nueva vida política. Tal es el caso del proletariado argentino, brasileño, boliviano, venezolano, chileno. Recíprocamente, la clase obrera se transformó, en el curso de la lucha, en la protagonista del movimiento nacional”. Ramos no dejaba de ser pomposo para adornar la estatización de los sindicatos.

 

“La crisis del imperialismo —proseguía Ramos— creó para la Argentina la posibilidad de la industrialización. Las oleadas revolucionarias de la posguerra transformaron a nuestro proletariado, por la inexistencia de un poderoso partido obrero, en la fuerza combatiente del movimiento nacional conducido por la burguesía. Esos dos hechos ofrecieron a la burguesía argentina el singular privilegio de iniciar los primeros pasos de la unificación nacional, es decir, de liquidar el yugo imperialista mediante la fusión económica y política de los 20 Estados actuales en una gran nación…”

 

Evidentemente se trataba de una pura fantasía; Perón por esa época (1950) estaba buscando desesperado un préstamo del Eximbank.

 

La revista Octubre, estuvo siempre autocolocada “bajo la bandera de la IV Internacional” pero después de su número 5, dejó de aparecer. Ramos rompió con la IV9, se despojó de la calificación de trotskista y se convirtió en un funcionario del gobierno.

 

Coggiola sigue analizando las posiciones posteriores de Ramos en su historia del trotskismo pero éste ya no tiene nada que ver con el trotskismo.

 

U.O.R. (UNIÓN OBRERA REVOLUCIONARIA)

 

La UOR, dice Coggiola (pág. 92) “parece haber sido el grupo (trotskista) más numeroso, al menos entre 1943 y 1946”. La UOR sostenía que “Por su desarrollo económico, la existencia de un proletariado numeroso y concentrado (más de un millón de obreros urbanos y de medio millón de trabajadores rurales) y las formas de relaciones de propiedad existentes en el campo, la Argentina debe ser considerada como un país netamente capitalista” (“La burguesía, el imperialismo y la clase obrera”, Tesis de Oscar — UOR— en el Boletín interno de discusión del movimiento cuarta-internacionalista argentino N91, marzo de 1947).

 

Oscar negaba la existencia de una explotación económica imperialista y de una opresión nacional. Afirmaba que las tareas de la revolución planteada eran directamente socialistas. “Por el desarrollo del país, decía, por el peso del proletariado urbano y por la existencia de un fuerte proletariado rural, la clase obrera argentina subirá al poder en base a un programa fundamentalmente socialista. Esto no significa que no busque el apoyo del campesinado o de la pequeña burguesía urbana. En este sentido la lucha por la revolución agraria y contra el imperialismo deben ocupar la atención de todo partido que se proclame revolucionario (ídem).

 

El planteo de Oscar deja claro que no negaba al imperialismo, sino que otorgaba un peso específico reducido a la dominación que podía ejercer. En cierto modo, reflejaba la coyuntura estatizante del peronismo, que había disminuido enormemente el peso del capital extranjero. Oscar no se preguntaba sobre el porvenir de esta coyuntura y por lo tanto no tuvo en cuenta la posibilidad de una ofensiva del capital financiero para re-colonizar el país. Debemos suponer que dejaba de lado el carácter de la economía mundial en la época imperialista.

 

Para el dirigente de la UOR, en 1945 se había producido en el país un choque interburgués; existía una camarilla militar que, para perpetuarse en el poder apelaba a la demagogia; y no existían diferencias sustanciales entre el peronismo y la Unión Democrática. Así sostenía que “… los marxistas debemos insistir en la afirmación de que tanto la UD como el peronismo son los ejecutores —pese a sus diferencias secundarias— de una misma política burguesa, tanto en lo que se refiere al proletariado como en lo que atañe al imperialismo” (ídem), Por ello aseguraba que no había diferencia entre un triunfo del peronismo o la Unión Democrática —pues ambos hubieran sido gobiernos burgueses.

 

Oscar centraba, no obstante, el fuego contra el peronismo. “La movilización peronista del proletariado tuvo un sentido profundamente reaccionario. La dictadura llevó hasta lo último la corrupción del movimiento obrero al que dio como salida de sus problemas la supuesta acción bienhechora del estado burgués. Los marxistas rechazamos de plano todo intento de presentar al peronismo o a su ala izquierda, el laborismo, como un movimiento de avanzada. Sólo un cambio profundo, en programa, métodos de acción y objetivos, puede hacer que ciertas ramas del peronismo —y desprendidas de éste o que puedan desprenderse en el futuro— se constituyan en organismos más o menos revolucionarios” (ídem).

 

 Dice Coggiola, que la UOR se negó a militar en los sindicatos peronistas hasta 1948 (Coggiola, pág 105). Tendrá una existencia errática y en 1951 se disolverá, “con la resolución del III° Congreso Mundial de la IV° Internacional sobre la sección argentina” (ídem, pág. 105), que reconoce a la organización dirigida por Posadas.

 

“FRENTE OBRERO”

 

Como señala Coggiola, el grupo nucleado en torno al periódico “Frente Obrero” fue el único que “a contramano de la casi totalidad de la izquierda de la época” señaló “el papel del imperialismo como orquestador de la oposición ‘democrática’ al gobierno juniano y el carácter progresivo de las movilizaciones contra el semigolpe de estado que derribó a Perón el 10 de octubre de ese año” (Pág. 95).

 

“Los que se engañaron —sostenía Frente Obrero— tomando la movilización de estudiantes, burgueses y damas perfumadas por los preludios de la ‘revolución’ (se refiere a la manifestación antiperonista del 19 de setiembre de 1945) juzgan a la huelga general del 17 y 18 de octubre como una especie de aberración, que echa al suelo todas sus teorías. La aberración estaría en todo caso, en que individuos que se denominan a sí mismos marxistas, se pongan del lado del imperialismo en sus escaramuzas (!) con sectores de nuestra burguesía semicolonial” (N- 2, 29 de octubre de 1945, pág. 3).

 

Como se puede apreciar, “Frente Obrero” caracterizó el carácter relativamente antimperialista del 17 de octubre, pero luego pretendió que el peronismo intervenía en los sindicatos para liberarlos de los agentes yanquis.

 

“Al proletariado argentino —decía “Frente Obrero” n° 2— la política peronista en los sindicatos le ofreció un inesperado apoyo para librarse, en parte, del abrazo asfixiante de los partidos socialista y comunista que querían utilizar las fuerzas de la clase obrera para remachar las cadenas de la explotación imperialista” (pág. 1)- El objetivo de la estatización de los sindicatos no fue éste, sino acabar con el proletariado como clase. Los objetivos “nacionales” de la burguesía son, al mismo tiempo, disminuir la presión del capitalismo extranjero y ampliar la explotación de la clase obrera — dos aspectos indisolubles del reforzamiento de la burguesía nacional como clase. Los trotskistas simplemente no conseguían caracterizar a la burguesía nacional y a los movimientos policlasistas que se derivan de la correlación de clases en un país dependiente.

 

“Frente Obrero” tuvo una vida efímera; salieron solamente dos números (setiembre y octubre de 1945). A fines de 1946 se unificó con Ramos en torno de la revista “Octubre”, sobre la base del apoyo “crítico” a Perón.

 

GRUPO CUARTA INTERNACIONAL

 

El “Grupo Cuarta Internacional” (GCI) hizo su irrupción política a fines de 1945 dirigido por Posadas. Después de editar unos boletines mimeografiados, publicó, a partir de junio de 1947, el periódico “Voz Proletaria”.

 

Este grupo reconoció el carácter semicolonial del país y la existencia de los movimientos nacionales de orden burgués en las colonias y semi-colonias.

 

“Estamos perfectamente de acuerdo con los compañeros que afirman que una burguesía nacional es impotente históricamente para liberarse de la coyunda imperialista. Bien. Pero el hecho de su impotencia histórica —que el proceso ulterior de los acontecimientos irá a descubrir— no autoriza a afirmar de ninguna manera que una burguesía nacional no intente o promueva esa liberación, porque ello sería negar la existencia de los movimientos nacionalistas en las colonias y semicolonias” (Boletín N° 2, marzo 1946, GCI, pág. 3).

 

El GCI atribuía la condición semicolonial de Argentina, básicamente, al carácter agropecuario de la producción. “Argentina, a pesar del desarrollo de la economía y de la industria, es aún una semicolonia, porque depende en su base económica de la producción agrícola-ganadera y de la exportación de materias primas y porque está sometida a la gran industria y finanzas del mercado mundial imperialista” (Voz Proletaria, N° 1, pág. 1, junio 1947).

 

Para el GCI la industrialización estaba en contradicción con la dominación del imperialismo, por lo cual la burguesía industrial tenía un carácter objetivamente antimperialista. “Lo que menos interés tiene el imperialismo anglo-yanqui es que se desarrolle la industria de estos países. Al contrario: el imperialismo yanqui como el inglés necesitan, más que nunca, que América Latina — Argentina entre ellas— sean mercados compradores para sus artículos industrializados y para invertir capitales —el inglés, en la medida que pueda invertirlos— en industrias accesorias a las suyas, manteniendo a América Latina como productora de materias primas” (Voz Proletaria, n° 4, agosto 1948, pág. 6). En este punto el GCI coincidía con “Octubre”, ninguno de los dos veía que las necesidades de la reproducción ampliada del capital obligaba al capital financiero a industrializar parcialmente a la periferia. Los trotskistas parecían desconocer las leyes de la evolución y reproducción del capital, o en todo caso eran luxemburguistas, que precisamente caracterizaba que el esquema de reproducción de Marx “no cerraba”

 

Para el GCI Argentina “es aún una semicolonia”, es decir que estaba dejando de serlo, debido al desarrollo industrial y a las nacionalizaciones.

                                       

Para el GCI, el golpe de junio de 1943 había producido una revolución antimperialista, en la que la burguesía industrial nacionalista había desalojado del poder a la oligarquía. “El gobierno se apoya, para su política de oposición al imperialismo, sobre ese movimiento de masas y no sobre la policía y el Ejército” (GCI, citado por Coggiola, pág. 102). La clase trabajadora apoyaba ese movimiento nacionalista “por su instinto de clase anticapitalista y antimperialista”.

 

¡Para el GCI Perón se apoyaba exclusivamente en los obreros y para nada en el Estado!

 

El GCI despliega una intensa labor en el movimiento obrero. Silvio Frondizi sostiene que el GCI se encontraba “bajo la influencia ideológica de Octubre”, pero que a diferencia de éste “no permanece en su posición de apoyo incondicional” (La Realidad Argentina, Tomo II, pág. 96).

 

En 1951, el GCI será reconocido como la sección argentina por el III° Congreso de la IV° Internacional. El III° Congreso plantea la unificación de las fuerzas trotskistas (el GCI y el POR dirigido por Nahuel Moreno), para lo cual se aprueba una resolución de compromiso que intenta amalgamar las posiciones. “En lo que concierne más particularmente a Argentina, nuestras fuerzas unificadas se empeñarán en desarrollar desde ahora su enraizamiento en la clase obrera del país, en plena evolución, y en crear una corriente de clase entre los obreros organizados influenciados por el peronismo, a fin de que ese gobierno reaccionario de la burguesía industrial que se opone a la dominación del imperialismo, sea aislado de su principal apoyo en las masas”( Revista Cuarta Internacional, Agosto/octubre 1951, pág 39).

 

La resolución revela dos cosas: la debilidad teórica de la dirección de la IV° (“gobierno antimperialista reaccionario”) y su incapacidad para actuar como partido, al sustituir las caracterizaciones políticas por las maniobras.

 

La unificación no se produce por razones de aparato, ya que Moreno no quiere ingresar al GCI. Luego aprovechará en forma oportunista una escisión internacional para embanderarse, sin principios, con el sector antagónico al apoya-de por Posadas.

 

EL P.O.R. (NAHUEL MORENO)

 

El GOM de Moreno se transformó en POR, a partir de entender que había crecido en forma sustancial (nada cambia…). En las elecciones de 1948 y 1951 llama a votar por el PC y el PS.

 

“El PC levanta un programa que exceptuando su concepción oportunista plantea una solución a los problemas del momento. Desde este punto de vista, en sus principales formulaciones coincide con el POR… La lucha antimperialista, la lucha por las libertades y contra la carestía están contenidas en su programa… El stalinismo es, de todos los partidos legales en la actualidad, el único partido obrero que se opone al imperialismo, que agita un programa que encara las soluciones del momento y el único que reflejando las necesidades de la clase obrera significa una garantía aunque momentánea” (Frente Proletario, n9 67„ 15/10/51, citado por Coggiola).

 

“Nuestro partido debe utilizar las elecciones para propugnar las soluciones clasistas contra la ofensiva gubernamental. La única salida que da satisfacción a todos los problemas planteados es el apoyar al PS y al PC…” (Resolución del POR ante las elecciones de marzo de 1950 en la Provincia de Buenos Aires).

 

Estas posiciones se fundamentan en la estrategia del “frente único proletario”.

 

El voto por el PC declara una coincidencia con el programa del stalinismo, en lo referente a la “oposición al imperialismo”, “programa que encara las soluciones del momento”, “único que refleja las necesidades de la clase obrera” (35 años después el Mas volvió a descubrir que lo une al PC un objetivo histórico al proponerse un “frente socialista”).

 

Se planteaba un frente “único” proletario dirigido al PC, que debía dejar afuera al 99% de la clase obrera que seguía al peronismo. Singular frente único. Pero el frente único con el PC tenía un definido carácter contrarrevolucionario porque, de conjunto, el PC era una oposición proimperialista al peronismo, ni que decir del PS.

 

EL GOLPE DE 1951 (QUIENES SUPIERON LUCHAR CONTRA ÉL)

 

El desarrollo de la crisis económica comenzó a erosionar la estabilidad política del peronismo. Perón, como cualquier movimiento nacionalista burgués, comenzó a girar a la órbita del imperialismo yanqui y a acentuar la presión sobre el movimiento obrero (firma del tratado militar de Río de Janeiro, Misión Eisenhower, acuerdo con el Banco Mundial, plan de austeridad, Congreso de productividad, etc.)

 

La expectativa de un descontento popular como consecuencia de la crisis, hizo levantar cabeza al golpismo antiperonista.

 

En 951 se produjo la primera intentona golpista, encabezada por el General Menéndez. El morenismo no llamó a luchar contra el golpe. “Contra el peronismo, el putsch, la oposición burguesa”, tituló el periódico morenista, Frente Proletario N2 66, 8/10/51). Moreno se levantaba contra todo el mundo, es decir contra nadie. Ni la conducta de Lenin frente al golpe de Kornilov, ni la de Trotsky frente al golpe de Sanjurjo, en 1932, contra la República española, le sirvieron de nada. Pero esta posición reflejaba indudablemente la expectativa de que la victoria de un golpe “liberal” democratizaría la situación política y a los sindicatos. El morenismo estaba empeñado, en este plano, en ganar al PC y al PS para organizar un paralelismo sindical.

lunes, 1 de febrero de 2021

Alexandra Kohan: “Al amor cuando lo conceptualizás, lo disciplinás”

Conversamos, con la psicoanalista y escritora, de su último libro, “Y sin embargo, el amor. Elogio de lo incierto”. La entrevistada pone en cuestión algunos de los tópicos recurrentes del feminismo mainstream como las llamadas “relaciones tóxicas”, el “amor propio” o el rol de los varones en la lucha contra el machismo, entre otros.

 

                                                               Ilustración: Gastón Spur


Por Iván Marín

 

De extensa trayectoria como docente, la figura de Alexandra Kohan cobró mayor notoriedad pública en el ámbito de la intelectualidad y de la militancia en favor de los derechos de las mujeres, con una entrevista realizada por la revista Panamá titulada “Acostarse con un boludo no es violencia”. Allí vertió algunas reflexiones del libro digital que estaba presentando por aquel entonces (2019), Psicoanálisis: por una erótica contra natura. Su cuenta de Twitter suele ser un ámbito de intensos debates y, en no pocas ocasiones, de enconadas críticas de sectores del activismo no muy propensos al intercambio abierto de puntos de vistas distintos.

 

En octubre del año pasado publicó su primer y esperado libro impreso, “Y sin embargo, el amor. Elogio de lo incierto”, en el que continúa desarrollando sus perspectivas de diferentes aspectos que atañen a las relaciones afectivas. Docente regular de la Cátedra II de Psicoanálisis: Escuela Francesa, de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, su última obra parte también de su perspectiva del psicoanálisis pero, como charlamos al comienzo de la entrevista, no se reduce a ella ni mucho menos está dirigida con exclusividad a ese sector en particular. Ese quizá sea uno de los mayores méritos del libro, cuya tesis central es la imposibilidad de conceptualizar al amor.

 

Durante más de media hora, Kohan se explaya sobre temas en boga como las denominadas “relaciones tóxicas” o el “amor propio”, con una lectura que pone en cuestión visiones del feminismo (¿hegemónico?). A continuación, dejamos el enlace con el audio de la entrevista completa y su respectiva desgrabación para quienes deseen leerla, con la aclaración de que hubo algunos pocos pasajes mínimamente editados para hacer más ligera su lectura pero que no atentan contra el sentido de lo expresado por la entrevistada.

 

 


 

La primera impresión que me da al leer tu libro, supongo que te la deben haber dicho varios, que, si bien está presente en todo el texto el psicoanálisis, no hace falta ser un erudito sobre el tema o tener una gran formación para poder disfrutarlo o captar las reflexiones. La pregunta concreta es, ¿cómo lo concebiste al libro, qué te propusiste como objetivo a la hora de empezar a escribirlo? Me da la impresión de que en el subtítulo “Elogio de lo incierto” ya hay algunas pistas al respecto.

 

No sé si tengo tan claro un objetivo que me he haya propuesto desde el inicio. La escritura también por momentos te va llevando, más allá de que uno tenga una idea general del libro. En relación a lo que señalás, la idea de que no hace falta ser psicoanalista para poder leerlo efectivamente sí es algo que yo me propongo, no te diría consciente o voluntariamente pero sí. Tratando de resistir a mis propias taras en relación a hablar solo para un gueto. Es algo que a mí eso me molesta mucho, los psicoanalistas que hablan entre sí, que no pueden decir las cosas de otra manera. No me refiero a conceptos que no se puedan decir. Una cosa son los conceptos, que no se pueden decir de otra manera, y otra cosa es cierta manera de decir las cosas que, como sabemos, tienen que ver con cierta jerga, como hablarles a los mismos del gueto. En relación a eso yo vengo pensando eso también como un tema. Es un objeto para mí de reflexión también, cómo se habla, cómo se dice, cómo se transmite. Eso, te diría que es algo que me interroga desde siempre. Por suerte creo, como decís que me fueron diciendo, que me sale bien en ese sentido. Porque eso sí lo he escuchado.

 

Y con relación a la concepción del libro, porque me parece, si mal no recuerdo que creo que en la introducción planteás como que los capítulos algunos fueron escritos por distintas cuestiones.

 

Sí. Lo que el libro tiene, como vos bien señalás, distintas zonas, podríamos decir. Una primera zona, como si yo dijera una base a partir de la cual voy a hablar, que es la zona más estrictamente psicoanalítica en el sentido del amor de transferencia. Y después hay un par de capítulos, si no recuerdo mal, en el medio que tienen que ver con intervenciones con el estado actual de cosas, me parece, en relación al amor, amor propio, consentimiento, amor tóxico. Entonces, esos capítulos son intervenciones que quizás venía haciendo o terminé de desarrollar para el libro. Y después un cierre que tiene que ver con los efectos del psicoanálisis en mí, podría decirlo así. Pero sí, fue concebido de esa manera, no es un libro dirigido solamente al psicoanalista. Tampoco es un libro de divulgación del psicoanálisis.

 

Es un libro sobre el amor cuya tesis central es que justamente no se lo puede definir, es decir, clasificar. En algún pasaje afirmás que lo amoroso irrumpe por fuera de tiempo y lugar. ¿Qué relación hay entre estas cosas, entre lo que el amor irrumpe por fuera de tiempo y lugar y que no se lo puede clasificar?

 

Como vos decís, es la tesis principal del libro, que yo también no sabía si me iba a salir porque hasta que no hay lectores no sabés si lograste lo que quisiste hacer, que es efectivamente que eso se mantenga así. Uno está escribiendo un libro de ciento y pico de páginas para decir que no hay modo de decir el amor. Bueno, eso también hay que lograr decirlo. Si yo digo eso y después alguien cierra el libro y sabe qué es el amor, entonces eso no me salió. Me parece que también, por las lecturas que fui recibiendo, la gente cierra el libro y queda con inquietudes más que con certezas, o habiendo diluido ciertas certezas que incluso podrían estar en el libro porque el libro también puede producir ciertas certezas por momento porque uno no puede ir por fuera de las certezas todo el tiempo. Entonces, el asunto es que después se puedan diluir a sí mismas. Que no queden fijadas, que no queden coaguladas, porque me parece que contra eso me pronuncio, contra la tendencia a coagular, a ser asertivos.

 

¿Por qué esa necesidad de polemizar contra la idea de conceptualizar al amor? ¿Por qué considerás que no hay que conceptualizarlo?

 

Porque me parece que en cuanto lo conceptualizás, lo disciplinás y lo normalizás. Lo que quiero decir es no hay modo que no se produzca eso en cada época. O sea, cada época tiene su normativa sobre el amor, sobre Eros digamos, porque estamos hablando de amor, de deseo, de cuerpo. Cada época tiene sus prescripciones y sus normativas, y sus moralismos. El asunto, me parece novedoso, que yo vengo pensando, es que en esta época esa normalización y disciplinamiento proviene de los propios pares, no de las instituciones que siempre están destinadas a eso. Sí siguen funcionando como eso, digo, la iglesia, la escuela, la familia, todas las instituciones que sabemos que están destinadas o hechas para disciplinar, normalizar, normativizar, bueno, ahora todo eso viene de los pares y en nombre de la emancipación. Me parece que la pequeña vuelta del asunto es eso, que es en nombre de la emancipación o que surge o emerge de movimientos emancipatorios, como por ejemplo los feminismos. A mí eso me llamó mucho la atención porque disciplinamiento hubo toda la vida y va a seguir habiendo, lamentablemente, pero el asunto es de dónde salía ese disciplinamiento y cómo se resistía a ese disciplinamiento. O sea, qué modos de resistencia se podían ubicar en relación a eso.

 

Sos muy crítica de la noción de amor propio y de las técnicas de autoayuda. ¿Podrías adelantar algo para quienes no leyeron el libro?

 

Sí. Me parece que pronuncio, como vos decís, vehementemente en contra de esos discursos porque son voluntaristas, individualistas, productivistas. Me parece que apuntan a que el sujeto sea un sujeto de la voluntad, a que “querer es poder”. Son discursos que tienden a su vez a culpabilizar mucho a los sujetos porque el discurso es “querer es poder”, con matices, pero básicamente es siempre el mismo. Y que si alguien no logra eso, entonces es responsable de su propio “fracaso”, y deja por fuera una cantidad de condicionamientos sociales, económicos, de clase. Entonces, son discursos que son individualistas, que tienden a que el sujeto no pare nunca de producir, porque también se lo insta a que produzca su propia felicidad. Y por supuesto que yo leo eso propio en el sentido de la propiedad privada, que va en el mismo sentido me parece, que es ser dueño de sí mismo. Y me parece que son discursos además que rompen con los lazos comunitarios, que ya están bastante rotos por otra parte, pero que tienden a aislar más a los sujetos, dejarlos en una soledad muy complicada, más que una soledad yo te diría un aislamiento, tiende a aislar a los individuos.

 

¿De alguna manera como que profundiza el individualismo en la sociedad?

 

Para mí sí. El individualismo y lo que eso implica que es tender a distanciarse de los otros y a no poder construir ningún tipo de lazo que, como sabemos, tiene sus conflictos, por supuesto. Pero justamente los lazos comunitarios no eluden los conflictos, mientras que esos discursos pretenden que no haya conflictos, y en nombre de eso arrasan con la posibilidad del lazo con el otro.

 

A la caracterización de lo “tóxico”, en el sentido de las “relaciones tóxicas”, le dedicás varias páginas. Si mal no recuerdo, creo que viene después de la utilización que hacés del concepto de “Phármakon”, esto de veneno y remedio a la vez, que lo utilizás para analizar las relaciones afectivas. Me gustaría una reflexión sobre eso porque me pareció un pasaje muy interesante del libro.

 

A mí me parece que no hay que olvidarse que quien instaló el concepto de amor tóxico, persona tóxica, etcétera, es un pastor evangelista, que es Stamateas (Bernardo). No me parece menor en el sentido de que es efectivamente una evangelización, es un discurso evangelizador. Es un discurso muy fácil, todo el mundo se instala ahí y dice el tóxico es el otro. Y en el mismo sentido que decíamos antes del individualismo, me parece que eso también apunta a señalar al otro como tóxico y a tratar de huir del contacto con personas tóxicas, como si esa toxicidad no nos tocara a nosotros. Viste que esos discursos nunca se enuncian como que uno podría intoxicar al otro. Y además personas tóxicas, que más allá de que uno pueda identificar que hay gente que sí, no sé, es muy pesimista, me parece que lo que esos discursos instalan es otra vez ese individualismo y la imposibilidad de pensarse a uno mismo en esa posibilidad de intoxicar al otro, de dañar al otro. Te diría que con la pandemia se resignifica. Si vos te fijás, hay mucha gente que no se piensa a sí misma como posible portadora del Covid. Entonces, siempre se está defendiendo del otro pero nunca cree que es uno el que puede contagiar.

 

Entonces, me parece que el concepto de “Phármakon”, que a mí me gusta muchísimo, que está en Platón -yo no soy una estudiosa del concepto, simplemente lo encontré también leyendo a Platón y después Derrida lo retoma-, me parece que es hermoso porque además lo que ubica Derrida es que esa palabra cuando se fue traduciendo fue perdiendo ese choque que tiene, que no es una contradicción sino que es al mismo tiempo veneno y remedio, que no es primero veneno y después remedio o primero remedio y después veneno. Cuando Derrida dice que eso se termina traduciendo por remedio o por fármaco, “Phármakon” terminó siendo fármaco y el fármaco es un remedio. Me parece que recuperar ese doble sentido de la palabra, el sentido antitético de una misma palabra, como diría Freud, me parece que es interesante para pensar el amor porque uno efectivamente se intoxica del otro e intoxica al otro en el sentido de que uno es afectado por el otro, uno afecta al otro. Y como afectación no estamos diciendo que es negativo, justamente por lo que decíamos antes, así son los lazos con el otro.

 

¿En algún momento dudaste en agregar algo más al libro por la pandemia o dijiste ´no, lo termino acá y sale así`? Digo, porque es algo muy novedoso lo que pasó el año pasado.

 

Y además nos atravesó a todos de una manera tremenda, porque yo venía escribiendo muy canchera y cuando vino la pandemia dejé de escribir. O sea, dejé de escribir dos meses. No podía leer ni escribir, no podía nada, solo atender pacientes. Después pude recuperar la escritura y terminé el libro, y entonces sí pensé si escribir una especie de coda o epílogo para hablar de la pandemia, incluso para dejar como un registro en el libro de ese momento. Y decidí que no, que el libro se terminara como estaba y que en todo caso en un próximo libro, como la pandemia va a seguir, y los efectos también van a seguir. Porque también es difícil decir algo en el medio del asunto.

 

O se dice demasiado también.

 

Claro. Exacto. Entonces, digo, ´¿qué podía decir ahí?` Se dijo mucho y también se atiborró de sentido todo el asunto. Elogio de lo incierto, de hecho, surge de la reseña que yo hice de un libro de Anne Dufourmantelle, pero en realidad surge más porque entre que yo terminé de escribir el libro estaba la pandemia y yo tuve muchas entrevistas sobre la pandemia en esos meses, y en una charla que yo daba en Rosario por Zoom había que ponerle un nombre a la actividad y yo le puse algo así como “Cartografía de lo incierto”, porque obviamente lo incierto volvió a cobrar fuerza con la pandemia.

 




Al igual que en “Psicoanálisis; una erótica contra natura”, vos polemizás fuertemente con estas orientaciones que intentan normalizar al amor, y ha dividido un poco aguas dentro del feminismo tus posiciones.

 

Ya estaban divididas.

 

Ya estaban divididas pero como que le echaste más nafta al fuego. Creo que algunas de las críticas enconadas hacia tus posiciones son porque afirmás que la lucha contra el machismo también involucra a los varones, es decir que no es solo una cuestión de la mujer. ¿Observás algo de eso? Por ejemplo, ¿qué pensás de la participación de los varones de actividades impulsadas por mujeres, como pueden ser una movilización? ¿Viste que hay sectores que dicen ´no`?

 

Me parece un disparate que no participen los varones porque justamente eso sería abonar a los esencialismos que el feminismo que a mí me interesa intenta también diluir. Me parece que una de las luchas de los feminismos históricamente fue luchar contra la esencialización de la mujer. Me parece que la esencialización es algo que diluir también en relación a los hombres porque una cosa va con la otra. No tiene ningún sentido diluir los esencialismos de las mujeres y no diluirse el de los varones también. Me parece que eso para mí es una obviedad, pero bueno, se ve que no lo es. Me parece que los feminismos tienen una historia enorme y no se puede pensar que el feminismo empezó ahora, cuando cada uno llega. Me parece que hay una historia de los movimientos porque siempre hubo heterogeneidad, siempre hubo feminismos. Digo, es un asunto que los atañe a ellos también. Porque no estamos luchando contra los varones. Preferiría no extenderme en eso porque voy a decir obviedades, me parece que el asunto es también ver los lugares de poder que se ocupan, porque sino es la idea es eso es algo que atañe solo a las mujeres, que el feminismo es un movimiento de mujeres solamente.

 

Otra cosa, si estamos luchando también contra el biologicismo, contra la anatomía, cómo se sabe que hay un hombre en una marcha, cómo se sabe que es un hombre. Eso también es algo que a mí me preocupa porque pasamos de decir cada uno se percibe como quiere a señalar genitales en las marchas, en las intervenciones públicas. Es muy notable porque hay muchas cosas que digo yo que si las dijera un varón no pasarían.

 

En torno a eso hay un pasaje irónico en tu anterior libro cuando mencionás en qué beneficia a las mujeres que una mujer llegue a dirigir al FMI, por ejemplo.

 

Claro. Pero se sacan de encima una cantidad de variables. Yo una vez vi a una persona que se dice feminista denunciando que en el vaticano no había mujeres. Te juro que parecía una cosa de Capusotto. Yo no pude sino leerlo en esa clave. El otro día una chica hizo un chiste muy interesante en Twitter porque había una foto de todos los nuevos periodistas de La Nación +. Todos de derecha. Y una chica puso la foto y dijo ´faltan mujeres de derecha`. No faltan mujeres, faltan mujeres de derecha porque hay mujeres de derecha. Entonces, la idea de que solo cuando vos decís ´faltan mujeres` en una foto, o sea también ubicar otras variables. Porque cuando se emocionaron con el discurso de Lospennato (Silvia) con el aborto. Ella votó un día anterior, no me acuerdo, una ley que iba a empobrecer a millones de mujeres. Es muy notable eso.

 

No recuerdo si lo abordás en el libro, me parece que no, y quizás en el primero sí, pero me interesa tu opinión sobre el lenguaje inclusivo.

 

No tengo mucha opinión en el sentido de que justamente no me interesa opinar. Si escribo algo me interesaría leer, pensar. Lo único que yo podría decir es que cada uno lo use como quiera. Me molesta muchísimo las persecuciones a los que no lo usamos, las denuncias, como si uno porque no usa el lenguaje inclusivo fuera, no sé, transfóbico. Estoy en contra de esas persecuciones policíacas, de esa vigilancia. Me parece que el lenguaje inclusivo viene justamente a mostrar una reticencia a ciertas cuestiones, y en cuanto se torna obligatorio o norma ya deja de tener ese poder de resistencia. También me divierte mucho cuando se quejan de que la RAE (Real Academia Española) no lo incluye. A mí me parece que lo mejor que puede pasar es que la RAE no lo incluya porque en cuanto incluya lo transforma en norma. Y si hay algo que estamos tratando de mostrar es que el lenguaje inclusivo va a cuestionar la norma.

 

Sobre el final del libro reflexiónás sobre el rol que juega la risa en las relaciones. No sé si utilizás esta palabra pero me da la impresión que le das un carácter disruptivo. ¿Por qué?

 

Porque la risa no voluntaria, por supuesto, siempre es una risa hallada, no buscada, también es una resistencia al poder. Como no hay afuera del poder me parece que el asunto es cómo agujerear un poco el poder, cómo resistirse al poder. Y me parece que estos son pequeños lugares donde efectivamente se encuentra la resistencia. Y como también hoy en día yo noto mucha solemnidad en muchas causas y muy poca risa, muy poca posibilidad de reírse, también me parece que es un asunto ese a revisar, por qué tanta solemnidad para sostener una causa. Hay una frase de Anne Dufourmantelle que me la encontré hace muy poco, algo así como que el poder necesita la solemnidad para ejercerse.

 

Una de las impresiones que me dio al leer el libro es como que lo recorre una concepción existencialista frente a la vida, en el sentido filosófico, y una frase que anoté para consultarte es esto de que “habitar la fragilidad es mucho más emancipatorio que pretenderse empoderado”. ¿Puede ser que de alguna manera resuma el mensaje que querés dar, si es que querés dar un mensaje?

 

No quise dar ningún mensaje, pero bueno, el mensaje se produce aunque yo no quiera. O sea, no es mi intención dar un mensaje. En todo caso te diría no quiero dar un mensaje pero sí es cierto que esa frase que se me ocurrió en una entrevista, de hecho, me parece que es un modo también que produce mucho alivio en esas posiciones, viste que hay una cantidad de discursos que te conminan a sostenerte todo el tiempo en una posición segura, certera, empoderada, por más que no te guste el concepto de empoderamiento que yo lo detesto, pero viste que hay modulaciones de eso mismo. Me parece que sostenerse ahí es muy difícil y es también ponerle, en este caso a las mujeres sobre todo, también un deber ser, que nosotras podemos, nosotras no nos callamos, nosotras vamos para adelante. No. Me parece que está bueno habitar la fragilidad, pensar, remitirse, vacilar, no tener las cosas tan seguras siempre.

 




La última más que una pregunta es una recomendación. Porque en el libro citás un montón de obras y me gustaría si podés recomendar dos o tres textos, ya sea de literatura o de alguna disciplina, como para abordar algunos de los temas que vos tomás.

 

Me resulta muy difícil porque el libro es efecto de lecturas de muchos años, digo que ni siquiera podría yo misma recuperar todas esas lecturas porque son temas que yo vengo pensando hace mucho tiempo en distintos espacios, en la facultad, en grupos de estudio. En general mi modo de leer es como abrir un libro y ver a qué otras referencias me va llevando. Por supuesto que lo de Anne Dufourmantelle, que irrumpió en la escena argentina hace un par de años, es un acontecimiento. Me parece que ella tiene un estilo muy interesante también de transmitir el psicoanálisis, que ahora está por salir un tercer libro en castellano. Ella trabajó muchos años con Derrida. Murió muy joven en un accidente. “Elogio del riesgo” a mí me parece que es un libro que es un acontecimiento. Y después te recomendaría a Barthes, digo, para hablar del amor.

 

¿Ya estás escribiendo otro libro?

 

Estoy descansando en el sentido de que no lo estoy escribiendo concretamente. Lo estoy pensando. Y estoy leyendo para el libro. Lo que sí estoy es en la etapa de lectura más que de escritura. Y es un libro sobre el cuerpo.

 

lunes, 4 de enero de 2021

Acerca de la debilidad política de Arcioni, la megaminería y el ajuste

Una polémica con el periodista Marcelo García de El Extremo Sur 

 

Imagen: Aníbal Aguaisol


Por Iván Marín

 

Las informaciones y análisis vertidos por el periodista Marcelo García para El Extremo Sur, en especial los vinculados a la situación económica de Chubut, suelen servirnos de insumo para nuestras caracterizaciones de la crisis que se vive en la provincia desde hace más de tres años. En uno de sus últimos textos, titulado “Arcioni resistió al año de la peste: 2021 vendrá con ´guerras` por la minería, el ajuste y el control social”, realiza un balance del año en curso e intenta pronosticar el futuro inmediato para la gestión. Debatiremos con dos puntos importantes que aborda: la debilidad o fortalecimiento del gobierno de Mariano Arcioni y la relación entre megaminería y ajuste.

 

La crisis política excede a la gestión de Arcioni

 

En Chubut asistimos a la bancarrota del régimen político. La fenomenal crisis excede al gobernador Arcioni, más allá de hallarse en el centro de la escena y ser profundamente denostado por el pueblo. El derrumbe incluye al conjunto de la dirigencia política patronal de la zona, es decir al PJ, la UCR, el PRO, la alianza oficialista Chubut al Frente; por ende a la Legislatura provincial en su totalidad; al Poder Judicial y a la burocracia sindical. Eso es lo que expresan los recurrentes escándalos por corrupción y la imposibilidad de imponer las dos grandes acciones que exigen las clases dominantes para descargar la crisis sobre el pueblo: la llamada ´reestructuración` del Estado y la megaminería. El endeudamiento ha sido el único recurso en los últimos años para cumplir (a medias) con obligaciones elementales del Estado, aunque poco se sabe de gran parte del destino de esos fondos.

 

García plantea respecto al gobierno de Arcioni que: “La gran pregunta es si en la actualidad se encuentra más fortalecido o más debilitado que hace un año. A priori parecería ser que continúa sin adhesión social notable y casi sin ascendencia de liderazgo político sobre sectores cercanos o lejanos del justicialismo. Sin embargo, Arcioni encarará 2021 en mejores condiciones respecto de finales de 2019, aunque con numerosos temas amenazantes”. Y agrega: “Solamente el devenir de los días irá respondiendo la pregunta con mayor precisión para un gobierno que aparenta ser el encargado de una frágil transición hacia 2023”.

 

En realidad, lo que hay detrás del legítimo interrogante que se plantea el analista es una intuición no llevada hasta el final con relación a una supuesta fortaleza de la gestión arcionista. Esa sospecha ha ganado a buena parte del activismo. No obstante, “la gran pregunta” no consiste en comparar la debilidad o fortalecimiento del gobierno respecto a un año atrás, sino en detectar si consiguió dar respuestas satisfactorias a las causas de su fragilidad de origen, es decir si logró desenvolver una orientación para revitalizar al degradado régimen político chubutense. Es el propio García el que da una contestación negativa a la inquietud. “Entre los temas pendientes asoma la controvertida zonificación minera -que hasta ahora no superó la instancia legislativa- y el pago de los salarios adeudados a los estatales y jubilados. Se avecina una ´guerra de poderes` con el sector Judicial”, afirma con razón.

 

Megaminería y ajuste

 

Uno de los pasajes más interesantes del artículo es el que aborda la relación entre la tentativa de avanzar con la megaminería y la cuestión del ajuste en curso, en especial la aprobación del Presupuesto 2021. Advierte García: “Aunque el avance de la minería forma parte de una decisión nacional, política y empresarial, para meter a Chubut en el paquete de las provincias mineras -derrotando de esa manera el ejemplo emblemático de la disputa dada desde Esquel hace casi 20 años- la contienda se terminó transformando en el telón de fondo de otra batalla tanto o más importante”. Y concluye: “Instaurar la minería en Chubut sin licencia social es una prioridad política donde no hay grieta -ya que atraviesa a radicales, peronistas y macristas-, pero además terminó siendo la cortina de humo que sacó de foco el ajuste para achicar el gasto público y dio por sentada la aceptación de la deuda en dólares”.

 

No entraremos en la discusión de si fue o no una cortina de humo pero sí coincidimos con el autor en que efectivamente hay una relación entre ambas intenciones. A diferencia de otras oportunidades, esta vez la intentona minera se da en un período de derrumbe económico provincial, por lo que la lucha contra la megaminería está íntimamente entrelazada con una cuestión más amplia. Quienes tienen bien en claro este punto es el PJ-kirchnerismo y la burocracia estatal antiminera, que se expresaron en contra de avanzar con el proyecto de zonificación pero nunca llamaron a movilizar a sus bases, conscientes de que les exigirían acciones contra las políticas de ajuste. La movilización antiminera fue tomada como un llamado de atención por este sector que maniobró para seguir garantizando la frágil gobernabilidad al desactivar el avance de la tentativa en la Legislatura y, con ello, postergar un “estallido” social generalizado contra la megaminería y el ajuste.

 

El mérito de García al señalar esta cuestión se contrapone con el seguidismo al movimiento ambientalista tal cual es por parte del Frente de Izquierda en la provincia (PO oficial, PTS, MST e IS). La izquierda concentró su atención exclusivamente en la defensa del agua y en la crítica a Alberto Fernández y Cristina Fernández. Lo que se presenta como la intención de elevar el curso de la lucha a un plano “político”, en realidad encubre una intervención meramente electorarera de diferenciación superestructural pensando en las elecciones 2021. Impotente, por cierto. Pues nadie en la provincia duda de las directrices de F-F sobre el tema, incluso la burocracia sindical antiminera sabe que es un costo asumido y no pierde el tiempo en su defensa. La tarea inmediata pasaba (¡y pasa!) por una intervención socialista en el curso de los acontecimientos, en lo concreto esto implica aportar una caracterización correcta de la etapa del proceso de lucha abierto hace 3 años y una orientación que se centre en la necesidad de unir las lucha contra la megaminería con las que se desarrollan en defensa de los salarios, la salud, la educación y demás conquistas del pueblo.

 

Esta es la razón por la cual ninguno de los partidos del Frente de Izquierda denunció que el PJ-kirchnerismo y la burocracia sindical le dicen “no” a la megaminería y sí al ajuste, ni mucho menos advierten que su oposición en Legislatura a aprobar el proyecto de zonificación, además de ser un triunfo de la movilización, es un artilugio para posponer una rebelión popular.

 

Tomar aire para volver a irrumpir

 

La falsa fortaleza que algunos le atribuyen al gobierno de Arcioni en verdad es la expresión distorsionada de la crisis de dirección del movimiento obrero en Chubut. La ausencia de una intervención clasista en la lucha contra la megaminería en curso, -policlasista por definición-, en los hechos significó la imposición de una orientación de conciliación de clases. Ese límite por el momento no solo no fue superado sino que la izquierda lo alimentó, al costo de profundizar su incuestionable marginalidad en el escenario político provincial.

 

Toda crisis económica, política y social de envergadura tiene sus flujos y reflujos, que a su vez dependen de varios factores, no solo de las direcciones en disputas, sino sobre todo en la experiencia que vayan viviendo, asimilando y balanceando sus contrincantes. Los trabajadores estatales en estos tres años de luchas han desarrollado métodos democráticos y combativos que jugarán un papel decisivo en los tiempos que se avecinan. Nos referimos a las Asambleas Interhospitalarias de Cordillera, los Plenarios Provinciales de Delegados Docentes, embrionarias asambleas intersectoriales e incluso las asambleas contra la megaminería, más allá de los límites que señalamos más arriba. El 2020 no fue un año más, la cuarentana y la pandemia le impregnaron duros golpes al pueblo trabajador. A eso se suma el desgaste al que apostó el gobierno con la falsa oposición y la burocracia sindical.

 

Las condiciones objetivas marcadas por la catástrofe que atraviesa el pueblo chubutense se mantienen o se profundizan. Los trabajadores toman aire para volver a irrumpir como lo hicieron en 2018 y 2019, pero esta vez con una experiencia a cuesta que no será gratis para el régimen político. De conjunto su suerte no estará desligada de lo que suceda a nivel nacional. El triunfo arrancado por el movimiento de mujeres con la legalización del aborto y el conseguido por los aceiteros en el corazón económico del país, logrando un salario a la altura del costo de la canasta familiar (superior a los 90 mil pesos), avizoran tiempos convulsivos.