martes, 29 de agosto de 2017

Apertura






El cielo gris de agosto, la furia del viento azota a las olas del mar como ayer, como mañana. Un día más en alguna ciudad cualquiera de la costa patagónica. No hay silencio por hurgar si la lluvia precipita su plan. Si la verdad fuera una meta, en la Patagonia es el punto de partida. Aquí donde las distancias infinitas lo son todo y nada, aquí sobre el ripio voraz de las huellas siniestras de los genocidios fundantes. Aquí nace Prosa Urgente, para informar, reflexionar, visibilizar, difundir pequeñas y grandes historias de luchas.


¿Es posible pensar la profesión, labor y vocación del periodista en abstracto, es decir, escindida de los condicionantes que estructuran la vida cotidiana del común de los mortales? La ingenuidad es enemiga sepulcral del pensamiento crítico. De ahí que la imposibilidad de responder afirmativamente a la preguntada planteada nos conduzca por el tortuoso camino de sus múltiples respuestas. En un mundo donde la explotación y opresión de la inmensa mayoría de las personas se produce a costa de una minoría infinitamente concentrada, parecería sensato partir de ese estado de cosas, al menos por dos motivos: primero y principal, porque necesariamente se debe tomar posición y, segundo, ya que el posicionamiento tiene su razón de ser en la entramada complejidad de la vida social, de la cual el periodista es parte.


En lo particular entiendo que el oficio del periodismo no puede ser sino una actividad militante que tenga un compromiso carnal con la verdad de lxs explotadxs y oprimidxs. Ello implica, entre otras cosas, el combate implacable contra esa visión propia de las clases dominantes que reduce la práctica periodística a la exaltación acrítica de la “neutralidad” como el valor por antonomasia. La neutralidad frente a los grandes asuntos de la humanidad implica necesariamente tomar empatía por los poderosos. Objetividad y neutralidad no son sinónimos. En el combate por la verdad histórica el periodista debe posicionarse en la trinchera de las masas por su liberación. Ello se puede hacer no sólo desde su condición de trabajador en relación de dependencia, sino, y fundamentalmente, intentando hacer de su profesión una forma de vida íntegra en plenitud. Como ya lo dijera un referente que dio su vida por su compromiso con la verdad, el violento oficio del escritor debe ser el norte en esta profesión que necesariamente se ejerce desde la barricada de la lucha de clases cuando se toma consciencia de que posicionarse es su deber fundamental.



Desde allí nace Prosa Urgente. 


El Ruido
29 de agosto de 2017

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